domingo, 19 de abril de 2009

Lorca en Bonn

Llegué a Bonn, cuna del genial Beethoven, pensando que sería una ciudad pequeña, burocrática y funcional. Poco tardé en darme cuenta de que se trata, en efecto, de una pequeña ciudad regada por el Rhin, pero que, a pesar de haber perdido la capitalidad alemana que siempre supo provisional, no ha perdido el encanto y la belleza de las señoriales ciudades centro europeas. Paseando por sus calles encontré una librería de viejo caótica, enorme y hermosa. En el puente de mando, una señora mayor, vivaz y elegante me saludó en alemán y al poco y tras un breve paso por el inglés nos instalamos cómodamente en el español que hablaba bien con cierto deje francés.
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Le pregunté por libros en español y me señaló la escueta estantería entre miles de libros alemanes y junto a otros en portugués. Allí había una magnífica Historia de las ideas estéticas en España de Menéndez Pelayo en cinco tomos o los discursos de Salazar en portugués entre muchos otros.
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La mayoría de los libros hispanos tenían un claro origen argentino, pero de entre ellos me llamó la atención uno pequeño y cuidado. Era el Romancero gitano de Federíco García Lorca, en una edición argentina. Esa noche, a la tenue luz del Mar del Norte, leí este libro y me volvió a conmover, gracias a Bonn, a Argentina, a la señora que me lo vendió, y por supuesto, a Lorca.

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