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domingo, 21 de febrero de 2021

Feria de Ana Iris Simón

Ana Iris Simón es una joven manchega, nacida en 1991 en el Campo de Criptana, como Sara Montiel. Estudió en escuelas públicas de Aranjuez. Cursó Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos en Fuenlabrada mientras trabajaba. Sus primeros trabajos como periodista fueron en Telva y en Vice y como guionista en Playz de RTVE. Actualmente colabora con distintos medios. Se fue de Madrid, tras más de un lustro en la capital, en parte porque le da envidia la vida que tenían sus padres a su edad. Este que hoy se presenta, un volumen de poco menos de 250 páginas editado en 2020 por Círculo de tiza, es su primer libro.
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Feria es un libro desenfadado, descarado, muy bien escrito en un estilo directo, personal, casi intimista en el que va desgranando sus recuerdos de infancia y adolescencia, retratando a sus abuelos, feriantes, y cuyo recuerdo da nombre al libre, a sus padres, ahora separados pero que han configurado, a partes iguales, la naturaleza indómita, reflexiva y algo rebelde de Ana Iris.
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En este libro, muy alejado de los ensayos, los dietarios o las autobiografías, es en parte las tres cosas. Supe de este libro gracias a una reseña de Enrique García-Maiquez, que emocionó a Ana Iris y a mi me abrió la curiosidad. Curiosidad por la rara frescura de una joven periodista de padre (y abuelo) comunista que es capaz, en estos tiempos de discursos enlatados y pensamientos obligatorios, de pensar por libre, hacerse serios planteamientos de fe, citar a Ramiro Ledesma o cuestionar eso que llamamos "la vida moderna", urbanita y apresurada, prefiriendo la vida lenta y rural. Lean Feria, un bocanada de aire fresco que no les defraudará.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Todas las criaturas grandes y pequeñas de Andy Hay, Brian Percival y Metin Hüseyin

Andy Hay, Brian Percival y Metin Hüseyin son tres directores de cine británicos que han trabajado sobre todo en trabajos para televisión, en especial series como esta que hoy se presenta presentada en 2020, remake de la serie aparecida entre 1978 y 1990, esta vez compuesta por seis episodios. Está rodada en los maravillosos valles de Yorkshire y con una puesta en escena y un vestuario que hace del trabajo final un producto elegente y muy agradable de ver.
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Todas las criaturas grandes y pequeñas se centra en las aventuras del equipo de una clínica veterinaria en los años 30 y 40 en Yorkshire. El excéntrico Siegfried Farnon decide contratar al recién licenciado James Herriot como ayudante en su consulta veterinaria en Skaldale House, Darrowby, un pequeño pueblo aislado y ubicado en los valles de Yorkshire. Junto a ellos, encontramos a Tristan, el pícaro hermano pequeño de Siegfried; la adorable Helen, hija de un granjero de la zona; y la Sra. Hall, discreta y adorable ama de llaves de la mansión. 

En esta serie se respira aire puro, todo llama a la bondad y la alegría mientras la vida pasa lentamente, inmerso, imagino, en el olor a mierda de vaca y adornado con las buenas intenciones de sus protagonistas que viven en un paraíso ajeno al resto del mundo, donde el parto de una vaca en más importante que cuanquier otro acontecimiento nacional o mundial que pueda haber. Es un canto, quizás algo ingenuo a la vida en el campo y a la bondad de gente, incluso de los británicos.

martes, 24 de marzo de 2020

Viaje por los montes y chimeneas de Galicia de José María Castroviejo y Álvaro Cunqueiro

A esta pareja de amigos, escritores, gallegos y reaccionarios en diverso grado, los conocemos desde hace tiempo. José María Castroviejo, compostelano afincado en Nigrán, cerca de Vigo y Álvaro Cunqueiro de Mondoñedo y trotamundos afincado en Vigo. Ambos han pasado bastantes veces por este Baluarte y han dejado en mi recuerdo algunos de los ratos de lectura más deliciosos que recuerdo. Hoy aparecen de la mano en este libro escrito y publicado en 1958 y publicado por Austral en posteriores ediciones, desgrana el arte cinegética al uso en los montes de Galicia y sus consecuencias culinarias en las lareiras de las casas honradas por las piezas cobradas.
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Viaje por los montes y chimeneas de Galicia lleva por subtítulo Caza y cocinas gallegas, aunque tuvo otros títulos más rimbombantes como Teatro venatorio y coquinario... Este libro tiene dos partes, la primera dedicada a la caza corre por cuenta de Castroviejo y nos explica las especies cinegéticas que podemos encontrar en Galicia, la forma peculiar de su caza y las zonas donde es posible cobrar estas piezas; y todo esto lo cuenta evocando sus años juveniles cuando cazaba con su padre. En total pasan 23 especies no todas aptas para el puchero, como el oso, el lobo o el zorro. La segunda parte, más breve, la afronta Cunqueiro en la que nos indica la mejor forma de cocinar hasta quince especies de caza, algunas tan poco conocidas en los fogones, como el tejón o la nutria; y lo hace, como siempre, con un despliegue de imaginación y sabiduría gastronómica típicamente cunqueirana.
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Este libro, largo tiempo esperado, ha colmado mis tiempos de lecturas y de saudades. De unos tiempos en los que el amor por la naturaleza y por el campo podría dejar libros excepcionales como este. Y a uno le quedan ganas de echarse el morral y la sarrasqueta al hombro y salir al monte, bajo la lluvia a disfrutar del campo y de mi querida Galicia.

jueves, 29 de noviembre de 2018

La huida del tiempo de Josep Pla

A Josep Pla lo hemos visto por este Baluarte con cierta gozosa frecuencia; en concreto han sido seis veces con ocasión de otros tantos libros, tan memorables como Viaje en autobús o El cuaderno gris. Ahora que Cataluña mantiene su incandescencia, su permanente turbación y enferma indignación separadora, es más que recomendable leer al eterno payés del Ampurdán que nos hace sosegarnos, bajas a tierra, posar los pies en la campiña catalana y disfrutar de la que se encuentra entre la mejor literatura española del siglo XX.
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La huida del tiempo fue publicado originalmente en 1945 en lengua castellana como una recopilación de artículos publicados en la revista Destino en la columna semanal titulada Calendario sin fechas y que escribía semanalmente Pla desde 1940. La huida del tiempo pertenece al estilo más propio de Pla en el que todo fluye con la cadencia natural del viento, la lluvia o el sol, anclado a su tierra y a un paisaje sin el que Pla no sería el mismo.
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Es una sucesión cronológica de las fechas y hechos más relevantes del calendario rural, la vendimia, la navidad, las nieves, las lluvias o los calores en el que el tiempo que huye, alejado del presente para hacerse atemporal y asentado en tierras ampurdanesas, nos muestra que el tiempo en realidad no pasa, sino que pasamos nosotros como elementos volátiles de un eterno paisaje que nos da la vida.

viernes, 15 de junio de 2018

Nuestra vida en la Borgoña de Cédric Klapisch

Cédric Klapisch es un realizador, actor, productor y guionista de cine francés que empezó a rodar cortometrajes y posteriormente, trabajó como guionista y como director cinematográfico para cine dirigiendo unos diez largometrajes y para la televisión francesa. La que hoy se presenta se estrenó en 2017 bajo su título original de Ce qui nous lie que se podría traducir como "lo que nos une".
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Nuestra vida en la Borgoña es la historia de una familia ante el fallecimiento del padre. Jean dejó hace diez años a su familia y su tierra natal, pero regresa ante la cercana muerte de su padre. A la vez se reencuentra con su hermana, Juliette, y con su hermano, Jérémie. Su padre murió justo antes del inicio de la cosecha. Durante el año, a lo largo de todo un ciclo de producción vinícola los tres jóvenes se reencontrarán entre ellos cicatrizando viejas heridas recuperando su fraternidad y madurando junto con el vino que producen. Lo que les une, en verdad es la posesión de una tierras y una bodega que hace un buen vino.
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Esta película se ve con cierto interés y deja la figura de la familia más o menos entera ya que, aunque sean unas tierras comunes son suficientes para unir hermanos y proyectar cosas juntos. Hay cierto cine francés que toca temas interesantes y se deja ver con gusto. Además se percibe el nacimiento de un subgénero que podríamos titular "Viaje, coma y beba por Francia", en el que los productores galos nos muestran lo bueno de su tierra, paisajes, comida, vino... Además de esta, podemos recordar aquella Pastel de pera con lavanda o Paris puede esperar, que resultan agradables y fomentan el turismo, algo que bien se podría copiar aquí. 

martes, 8 de mayo de 2018

La bruja Leopoldina y otras historias reales de Miguel Delibes

Miguel Delibes es uno de los grandes escritores españoles de todos los tiempos y uno de los cinco mejores del siglo XX. Por este Baluarte han pasado hasta la fecha Diario de un cazador, Los santos inocentes y Cinco horas con Mario. La editorial Destino acaba de publicar este volumen que es una recopilación de dos breves libros autobiográficos del vallisoletano al que acompaña una pequeña joya, presentada por Elisa, hija del autor. Se trata de un breve cuento ilustrado en verso que ocupa seis dobles páginas.
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Aparte del cuento La bruja Leopoldina, escrito, al parecer en 1939, poco después del fin de la Guerra Civil, en este volumen se incluyen otros dos libros Mi vida al aire libre y Tres pájaros de cuenta, ambos divididos en capítulos de extensión variada.
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Estos libros, que se leen con plácido interés cuentan la actividad deportiva del autor en los que cuenta sus aficiones deportivas, como el tenis, la natación, la caza, el ciclismo y la caminata, todo ellos lleno de divertidas anécdotas familiares de su infancia y juventud. El segundo es un librito escrito para sus nietos en los que cuenta su relación y vivencias con tres aves, también ameno y divertido.
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Tras leer este libro a uno le apetece seguir leyendo a Delibes pero, sobre todo, apetece irse a vivir al campo y disfrutar de la tranquilidad de los páramos castellanos.

martes, 14 de noviembre de 2017

Cantábrico de Joaquín Gutiérrez Acha

Joaquín Gutiérrez Acha es un naturalista, director, productor y cámara de cine español especializado en documentales sobre naturaleza que ha recibido numerosos premios en este género tan complejo y tan poco comercial. A pesar de ello, la calidad de sus trabajos han conseguido conectar con el gran público como con algunos trabajos anteriores, Guadalquivir o Lince ibérico, el cazador solitario. El documental que hoy se presenta se estrenó en 2017 obteniendo un gran éxito.
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Cantábrico sitúa su escenario, como parece evidente, en el norte de la Península Ibérica. Allí se levanta una gran cordillera de más de 400 Km. de largo que hace de gran muralla que discurre paralela a la costa del Mar Cantábrico. En su otra cara, la cordillera Cantábrica está repleta de cañones y bosques. Gracias a la influencia del mar y las elevadas precipitaciones, ha surgido una amplia vegetación en los bosques, algunos impenetrables, que hacen de esta tierra el lugar perfecto para esconder un gran número de animales de diversas especies y otras formas de vida que conviven en armonía desde tiempos remotos. Pero, sobre todo, este es el territorio de una de las criaturas más impresionantes de la fauna europea y, sin duda, de la Península Ibérica, el oso pardo cantábrico. Es el reino de los bosques, de los caballos salvajes, la tierra donde los lobos ibéricos se esconden tras la niebla, y el lugar donde la fantasía y la realidad caminan juntas en un tiempo que parece haberse detenido.
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Poder disfrutar de un documental tan bien hecho y de tanta belleza es siempre una oportunidad de recrearse en las cosas bien hechas. Si además está hecho por algún artista español, el orgullo es doble y si lo retratado, verdadero regalo de Dios, está aquí cerca, entonces el gozo es pleno. Vayan a verlo, no se arrepentirán.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Madera de boj de Camilo José Cela

Intentar presentar a Camilo José Cela parece ocioso a estas alturas. El novelista gallego, último Premio Nobel de literatura español ha pasado por estas almenas con motivo de sus obras más conocidas, La colmena y La familia de Pascual Duarte. Escritor de amplia producción y que ha hecho notables incursiones en el género de viajes, como su mítico Viaje a la Alcarria, o el periodismo.
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Esta novela publicada en 1999, de raigambre galaica, y más en concreto de la Costa de la Muerte, está escrita con un estilo muy original que recuerda a algún capítulo del Ulises de Joyce por carecer, prácticamente, de puntos y estar separada cada frase por comas. Cierra este volumen un breve diccionario Gallego - castellano que será de utilidad para curiosos, mesetarios y filólogos.
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Plagada de personajes típicamente gallegos, fantásticos o reales, serios o risibles, Madera de boj es un retablo de la Galicia mítica, marinera, llena de trasgos, duendes, demos y meigas, que comparten, sin argumento alguno, la sucesión de anécdotas, situaciones y cuentos de los personajes que van desfilando por sus páginas. Me resultó de agrado leer, por lo acertado y veraz, que los villagarcianos son (somos) los más elegantes de Galicia y que gracias al Club de Regatas aprendimos a tomar té y whisky.
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Me he divertido mucho leyendo este original libro que dudo que puedan disfrutar de igual forma quienes no sean o conozcan el alma gallega.

lunes, 28 de agosto de 2017

Cosas que aprendí en el Camino de Santiago

Este verano, por segunda vez, acompañado de mi santa y con la mochila a la espalda recorrí otro centenar de kilómetros del Camino de Santiago. Camino que lleva un milenio viendo pasar gente en pos del abrazo con el Hijo del Trueno, apóstol, mártir y amigo de Jesús. Llegaremos, a este paso, dentro de unos años, si Dios quiere, y en ese momento, casi seguro que querremos volver a empezar de nuevo ya que la vida no se puede concebir si un camino que recorrer y este, puestos a elegir, es uno de los mejores por varios motivos que aprendí y que les cuento.
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- Todavía es posible entenderse con alguien que ignora absolutamente tu idioma (y viceversa) cuando te mueve un mismo anhelo y de él nace, sin palabras inteligibles, tan sólo con miradas y gestos, una amistad que podría llegar a ser eterna si se dieran las circunstancias.
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- Todavía hay pueblos e España donde suenan las campanas anunciando las misas, o las horas o lo sea necesario. De hecho contribuí mínimamente a que un pueblo tenga una nueva campana que resonará en un valle riojano para recordar que Europa sigue siendo ella misma, o sea, cristiana.
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- Todavía hay pueblos en los que los niños juegan al fútbol en las plazas y las calles y que no está prohibido, condenando a los más pequeños a llevar una vida oscura y gris frente a una pantalla como si fueran tristes niños de ciudad.
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- Todavía hay pueblos donde se puede uno bañar en el río sin que una ordenanza municipal diga que está prohibido por alguna razón que todos ignoran...
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- Todavía es posible tomar carnes, verduras y vinos que saben a carne, verduras y vino y que no vienen en asépticas bandejas de plástico, sin gérmenes y sin vida.
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- Todavía queda mucha, muchísima gente que sufre y busca sin saber qué y se pone camino de Santiago esperando que una Luz ilumine su vida. Y han de eliminar una gruesa capa de costra que la sociedad pagana ha ido adhiriendo a sus almas y que le apartan de Dios y su Iglesia.
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- Todavía hay lugares en el Mundo, como ese Camino, donde es posible sentirse verdaderamente libre.
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Por eso y por muchas cosas más el año que viene, si Dios quiere, volveré a ponerme en camino. 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Fin de año en Francia

He tenido desde hace años el deseo de acostarme un 31 de diciembre a las 23:00 para que el cambio de año me pille roncando. Todavía no lo he conseguido, pero todo se andará. En esta ocasión, al menos pude disfrutar de un fin de año diferente, mucho mejor, de hecho, que mi sueño anteriormente descrito. Este cambio de año me encontró en la compañía de mi familia y unos buenos amigos en Francia y la transición fue la más dulce posible. No entraré en detalles, que no vienen aquí a cuento, pero quiero repetir, sin duda, en años venideros.
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Lo cierto es que tuve la oportunidad de pasar una semana en el este de Francia, en el antiguo Franco Condado, posesión española en tiempos del Emperador Carlos, cercana a Borgoña. En concreto en el Departamento de Jura y guiados por nuestros amigos pudimos visitar una región de una belleza extraordinaria que está muy bien cuidada en la que los efectos perniciosos de una espantosa estética moderna no ha deteriorado los pequeños pueblos que se mantienen como hace doscientos años.
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Hacía un frío extremo que dejaba el paisaje de un blanco algodonoso por el hielo, como se ve en el árbol de la primera foto en Château-Chalon, un hermoso pueblo que domina un fértil valle vinícola,  que da nombre a una denominación de origen.
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Tuve la oportunidad de conocer otros lugares de una belleza única como Baume-les-Messieurs, que se puede ver en la segunda foto. Es un pueblo pequeño que se encuentra al comienzo de un valle cerrado por unos altos farallones de entre cuyas rocas nace el río que se puede apreciar.
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Como tercer ejemplo, comparto con mis lectores una foto de Arbois, un pueblo mayor que los anteriores, donde por cierto nació Louis Pasteur, también famoso por sus vinos y que ofrece rincones tan bellos como el viejo puente junto a la torre. Este pueblo también da nombre a una denominación de origen vinícola.
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¿Y porqué en Francia se conservan, a diferencia de España, tan bien los pueblos pequeños a pesar de lo inclemente del clima? Sencillamente porque allí cuidan el campo y entonces el campo, siempre generoso, cobra vida, genera riqueza y se mantiene hermoso y agradable para quienes se muestran cuidadosos con él.

martes, 16 de agosto de 2016

La España vacía de Sergio del Molino

A Sergio del Molino no lo conocía hasta que oí hablar de este libro. Luego ya supe que había escrito varias novelas y que mantenía una colaboración habitual con el Heraldo de Aragón y, desde hace muy poco, también en El País. Un buen amigo, compañero y buen lector, me recomendó este libro lo que me llevó a leer las elogiosas críticas que Julio Llamazares y Muñoz Molina le hacían en la prensa. El libro lleva el explicativo subtítulo de "Viaje por un país que no fue" y ha sido editado, en un cuidado volumen de cerca de 300 páginas por Turner.
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La España vacía es un ensayo, pero no, como indica el autor, un trabajo de investigación o académico, lo que no significa que no haya consultado numerosa y variada bibliografía. El objeto principal de la obra es intentar explicar las causas, circunstancias y consecuencias de lo que llama "el gran trauma" que durante varias décadas de la segunda mitad del siglo XX llevó al campo español a despoblarse. Para ello aprovecha el autor una amplia serie de acontecimientos, como el asesinato de Fago, datos estadísticos, iniciativas políticas u obras literarias y cinematográficas de diversos autores, como por ejemplo, el documental de Buñuel sobre las Hurdes, plagado de mentiras, y que acabó de pieza de propaganda del Frente Popular en la Guerra Civil. 
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Existen varias contradicciones y alguna de sus ideas e interpretaciones son discutibles. Otras parecen adolecer de información certera o sufrir de un sesgo ideológico, como cuando afirma que, para la construcción de pantanos en los años 1950 y 60, la Guardia Civil desalojó a los habitantes de los pueblos a punta de pistola, lo que no es cierto, omitiendo, además, las generosas contraprestaciones que, en forma de casa, tierras y ganado, hizo el Gobierno de la época a cada familia desalojada. Tampoco se citan las tareas de colonización, vinculadas a las nuevas y amplias zonas de riego en Badajoz, Sevilla y Aragón, que en esos mismos años se llevaron a cabo, o al auge del cooperativismo agrario. Finalmente, hay opiniones que son, sencillamente, inaceptables como la comparación entre los carlistas y los regímenes de Irán o el de los talibanes afganos, lo que demuestra que, dados sus profundos sesgos ideológicos, desconoce todo sobre el carlismo, pero además, su ignorancia sobre, por ejemplo, los guerrilleros pashtunes es enciclopédica.
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No obstante, el libro es original y está muy bien escrito. Deja un poso que impulsa a querer saber e investigar más en los porqués y los cómo del "gran trauma". También en las posibles soluciones para que esta situación que afecta al 80% del territorio nacional tome un rumbo diferente y se llegue a una situación que es normal en otros países europeos y que hace del campo un lugar desarrollado y con vida.
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A pesar de los notables errores y los sesgos señalados, el libro sigue siendo de interés y su entretenida lectura deja un balance positivo.

viernes, 12 de agosto de 2016

Pastel de pera con lavanda de Eric Besnard

Eric Besnard es un director de cine francés poco conocido en España. Esta película que hoy se presenta, que ha sido muy bien rodada, aprovecha los magníficos paisajes de la región Rhône-Alpes y más en concreto en Dròme, departamento que perteneció a la Provenza, en cuyos escenarios se rueda casi toda la cinta. Fue estrenada en 2015 en Francia bajo el título "Le gout des merveilles", en referencia a un dulce local de masa frita que aparece en varias escenas. Bresnard contó con las notables actuaciones de Benjamin Lavernhe y la hermosa Virginie Efira, en los papeles protagonistas. Para el guión y el desarrollo del personaje masculino se documentó en los rasgos del autismo y el Síndrome de Asperge.
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Pastel de pera con lavanda, título con el que se estrenó en España, cuanta la historia de Louise Legrand es la dueña de una plantación de árboles frutales, en especial perales, en la campiña francesa. Desde que su marido murió, se ha tenido que encargar sola de la crianza de sus dos hijos y de todo el negocio agrícola que empieza a flaquear por lo que su banco amenaza con retirarle la hipoteca. Además, los clientes y vecinos desconfían de sus capacidades como agricultora. Un día atropella a Pierre, un desconocido un tanto especial, delante de su casa. Ordenado, sincero, sensible imprevisible, Pierre es extraño, pero irrumpe en la vida de Louise, a quien ayuda, mientras intenta guardar las distancias, pero no resulta fácil. Pierre guarda un secreto y una necesidad que podrían complementarse con Louise, o no.
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La crítica ha dicho que esta película es un poco cursi y que parece un anuncio de yogures. Puede ser, pero este es el tipo de películas que empieza a producir Francia en los últimos años, amables, románticas, no necesariamente creíbles... Y me gustan; ésta, en concreto, ha aumentado mis ganas de volver al campo y de visitar el sur de Francia. Para terminar, les informo de que los créditos finales comienzan con el siguiente mensaje: "Basada en una historia de hadas real".

jueves, 4 de agosto de 2016

Comer en Navarra

El loco empeño de caminar hasta Compostela para dar un abrazo al Hijo del Trueno, uno de los discípulos predilectos de Jesucristo, me llevo a andar, paso a paso, cerca de cien kilómetros de tierra navarra. La santa tierra que me acogió hace 26 años y donde bebí las primeras mieles de la vida, de una vida plena y dichosa que aún perdura.
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Desde Roncesvalles hasta Estella se recorren paisajes muy diversos. La montaña fronteriza y agreste, llena de robles y dura roca en propicia para que el ganado se críe en las mejores condiciones. Una vez que se baja el puerto de Erro el trigo, recién segado, daba cuenta con sus campos amarillos de la generosidad de esta tierra. Olivos y girasoles se disputaban el puesto de honor de la producción de aceite, que adquiere categoría de arte con el de oliva de la zona de Tudela, más al sur, bañada ya por el Ebro.
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Bajando hacia el sur, en la zona de Zubiri, la crianza natural del cerdo, el gorrín, sin estabulaciones industriales ni piensos compuestos, hace que el producto sea extraordinario como la chistorra que, junto con la de Arbizu, tienen nombre propio. Chistorra que, acompañada de huevos fritos, debería ser declarada, sin dilación, Patrimonio de la Humanidad.
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Pamplona, como lugar cosmopolita y capital del mundo durante la segunda semana de cada Julio, ofrece lo que las tierras circundantes generan que es mucho. A pesar de ello, la mayoría de los yankees siguen prefiriendo los McDonald`s... peor para ellos.
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Continuando la marcha y tras atravesar el Puerto del Perdón se entra en zona de vinos. Aquí, Navarra, con su propia Denominación de Origen, es una zona inexplorada, seguramente porque sus bodegas, pequeñas y familiares producen vinos de primera fila pero desconocidos fuera de la Comunidad Foral. Puente la Reina se sitúa en el centro de esta región generosa en uvas y en hombres esforzados que convierten sus horas de sabiduría y trabajo en un vino excelente. Olite le sigue de cerca.
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En toda la provincia se cría ganado lanar y bovino y ambos aportan su carne y su leche para poder tomarse un chuletón, de estilo y tamaño guipuzcoano, o probar la cuajada hecha con leche de oveja y endulzada con miel, también de la tierra.
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Mención aparte merecen los quesos entre los que el de Roncal, al norte, y el de Idiazábal, en la sierra de Urbasa son, por méritos propios, de los mejores de España.
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En las sierras del norte, pero también en muchas otras zonas de Navarra existe una tradición cinegética mayor cuya explotación culinaria es mítica; como el chorizo de jabalí de Urbasa, que no tiene comparación a otro embutido peninsular.
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Finalmente la huerta, regada por el Ebro en la Ribera o por el Arga o el Ega más al norte deja todo tipo de verduras y hortalizas de calidad superior. Una menestra navarra con todos sus ingredientes recogidos al lado de la cocina hace de cada hogar rural de esta tierra un olimpo de los pucheros. En el pedestal más alto de este olimpo figuran las especialidades, como los pimientos de Lodosa o los espárragos de Mendavia. No hay palabras para describirlos. Navarra, por producir, hasta sabe extraer sal de unas salinas centenarias que se explotan aún hoy por métodos tradicionales.
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La combinación de tierra, agua, clima y tesón son necesarios para extraer del campo los variados productos que ofrece y así se hace en muchos lugares del mundo. Pero el verdadero amor a la tierra, el culto reverencial al trabajo bien hecho, el respeto sagrado a la naturaleza, a la tierra, a los ríos y al ganado dan como resultado un campo generoso, hermoso y que si mantiene los procedimientos tradicionales de cultivo y cría le permitirá a Navarra seguir siendo, durante decenas de generaciones más, el campo más cuidado y bello de España y el lugar donde se come mejor y con la máxima calidad.
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Si se hunde el mundo, que s`hunda. Navarra siempre p'alante.

domingo, 26 de junio de 2016

Donde la vieja castilla se acaba: Soria, de Avelino Hernández

Avelino Hernández es un narrador español que ha escrito gran cantidad de libros, en especial novelas infantiles y juveniles, pero también relatos de viajes y hasta poesía. Nacido en la provincia de Soria desarrolló parte de su tarea profesional y narrativa en madrid y pasó sus últimos años en Mallorca, donde falleció en 2003.
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Uno de sus primeros relatos de viajes fue dedicado a su provincia natal, Soria y fue publicada por primera vez en 1982, reeditándose en 1984. Recientemente la editorial leonesa Rimpiego ha reeditado este libro con una recia encuadernación y los añadidos sobre el original de unos anexos biográficos y bibliográficos sobre el autor y un breve prólogo con que comienza el libro firmado por Julio Llamazares. Además el libro cuenta con una profusa colección de hermosas fotografías en blanco y negro algunas de las cuales son obra del autor del libro.
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Donde la vieja castilla se acaba: Soria, está estructurado en diez capítulos que llevan por título la comarca de la que se va a tratar y sobre la que el autor invita a un viaje, en parte en coche en parte a pie. Unos mapas esquemáticos ayudan a situar los lugares de que se trata. Aún así este es el típico libro con el que hay que caminar y dejarse llevar para poder disfrutar los cientos de detalles de edificios, paisajes y personas que aparecen en el texto.
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Conocido mi declarado amor por Soria, cuando supe, a través de un artículo en El País de la existencia de este libro me hice con él y, aunque sea a veces demasiado coloquial y tenga bastantes sesgos anticlericales, ha conseguido aumentar aún más mis ganas de conocer en profundidad esa provincia con sus maravillosos secretos ahora desvelados.

sábado, 14 de mayo de 2016

Primavera en Baviera

Ciertas actividades profesionales que no viene al caso comentar, me llevaron a pasar unos días en Baviera. Allí, al sur de Alemania y en una zona casi fronteriza con Austria, pasé unos días diferentes, de vida tranquila, comida sana, lecturas reconfortantes y algo de ejercicio físico. Fueron casi unos ejercicios espirituales previos al Pentecostés.
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En los ratos libres tuve la inmensa suerte de poder pasear por el campo, a la vera de un rio de montaña, el Ammer, flanqueado por praderas en pendiente que, a medida que se cubrían de abetos, acababan convirtiéndose en las altas montañas de los Alpes Bávaros, aún nevadas en sus cumbres. Como banda sonora, se oían las esquilas del ganado y los trinos de los pájaros, dejando paso, ya al atardecer, al inconfundible e incansable decir del cuco. Una brisa fresca completaba este único paisaje multisensorial, regado, sólo de vez en cuando, por la necesaria lluvia para que la armonía de este rincón del mundo, bendecido por Dios, se mantenga igual.
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En las encrucijadas de los caminos, como muestra de agradecimiento del alegre pueblo bávaro, sitúan unos grandes crucifijos protegidos por un breve tejado de madera, ambos obra de los artesanos locales. Allí, en cada cruce, hay un motivo para orar y para recordar lo poco que somos y lo poco que merecemos esta perfecta obra de arte que tanto recuerda a Galicia con sus cruceiros y sus gentes nobles y amantes de su tierra.
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Es normal que los bávaros sean fieles a la fe de sus padres y se mantengan en permanente alabanza y oración, en su trabajo, en sus vidas y en sus paseos, ante el templo grandioso y bello con que Dios les ha bendecido. Y allá volveré, siempre que pueda, a rezar paseando y pasear rezando.

jueves, 3 de marzo de 2016

La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela

Camilo José Cela es uno de los mejores escritores españoles del siglo XX, y no sólo por que haya merecido el Premio Nobel de literatura de 1989, o un Cervantes o un Príncipe de Asturias, que también, sino porque es capaz de describir sentimientos de una forma muy especial sólo al alcance de unos pocos genios. De él leí hace bastantes años, y los disfruté, Viaje a la Alcarria y El gallego y su cuadrilla. Por algún motivo que desconozco, me he decidido a leer las dos grandes novelas de mi paisano de Iria Flavia y con esta, que según dicen es, tras el Quijote, la segunda novela española más traducida a otros idiomas.
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La familia de Pascual Duarte es un ejercicio de literatura de primer orden, a medio camino entre la tragedia, la picaresca y la crítica social. Una novela escrita al modo de "manuscrito hallado" que con el lenguaje creíble, a veces tosco, de su autor, Pascual Duarte, lleva al autor por una historia mínima que es a la vez una biografía de tragedia, miseria y violencia que describe la dureza de la vida rural en España en el primer tercio del siglo XX.
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La lectura es a veces desasosegante y la violencia y la maldad en la que Pascual ha sido educado impide al protagonista zafarse de su maléfica influencia y condenándole a un final trágico y esperado. Es sin duda una gran novela cuya lectura recomiendo. 

jueves, 28 de enero de 2016

El último caballo de Edgar Neville

Egdar Neville fue un hombre excepcional por su vida personal y profesional. Aristócrata y diplomático prefirió las artes a la vida oficial y acabó siendo tras la guerra civil en un aclamado director de cine, además de guionista. Ambos papeles jugó en esta película protagonizada por Fernando Fernán Gómez y la que sería pareja sentimental del director, Conchita Montes. Rodada en el Madrid ahora casi desconocido de 1950, que incluye tomas de exteriores portentosas para la época para conducir un guión ingenuo, original y agradable.
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El último caballo cuenta la historia de Fernando, que termina el servicio militar en un Regimiento de Caballería en Alcalá de Henares y decide comprar su caballo, Bucéfalo, que ha sido su compañero durante todo ese tiempo, para evitar que lo compren para su uso en las corridas de toros, lo que era entonces una condena a muerte. Pero vivir con él en un Madrid moderno y sin alma se convertirá en un grave problema. La ciudad que conoció ya no es la misma. No encontrará cuadras donde dejarlo, ni condiciones para mantenerlo en la capital. A ello se suma la oposición de sus jefes en la oficina y de su novia, azuzada singularmente por su futura suegra.
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Esta película es un canto a la vida rural, a la vida sosegada del campo donde los animales son libres y los coches estorbos ruidosos. Una película genial.

lunes, 11 de enero de 2016

La dulce vida en el campo

Leía plácidamente un libro hermoso y con sabor antiguo, el buen sabor de siempre, y me encontré con una afirmación que me hizo pensar. Venía a decir el autor que el gusto por la vida campestre y lo rural es un sentimiento urbano y relativamente reciente. Reconozco que me dejó descolocado. Más teniendo en cuenta que me considero un amante de la vida rural que vive encerrado, muy a su pesar, en una prisión de humo y asfalto.
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Pero es cierto que cuando uno ha vivido en el campo o ha hecho frecuentes excursiones por las montañas de España, a veces en condiciones no muy cómodas, se acaba echando de menos el suelo seco, la calefacción y un techo sin goteras, mientras disfruta, a cambio, de majestuosos paisajes que apenas eran valorados por los antiguos y quizás tampoco ahora por los lugareños.
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La vida en la ciudad tiene una serie de comodidades que nos hace acomodaticios a sus muchos defectos. Desde la ciudad vemos el campo como un lugar al que escaparnos y pasar sólo unas horas para regresar poco después a la gran urbe impersonal y autodestructora en la que vivimos.
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Durante décadas, mucha población rural se vio obligada en abandonar sus pueblos y las tierras de sus padres para buscar un futuro, que imaginaron mejor, en las grandes ciudades donde sufrieron el desarraigo y otras enfermedades sociales modernas. El espejismo del desarrollo industrial, la urbanización salvaje y la dejación culpable e irresponsable de los gobiernos españoles desde hace más de sesenta años causaron todo este problema, de muy difícil solución. Como efecto secundario se despobló el campo y los pueblos abandonados son ya parte del paisaje triste, mesetario y lúgubre de España.
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Pero, ¿sucede igual en todos los países? Puedo asegurar, porque lo he vivido, que en Inglaterra el campo está más vivo que nunca. Allí, los pueblos, por pequeños que sean, tienen vida, niños, colegios, futuro. El inglés en cuanto puede se va al campo, pero no para un fin de semana, sino para siempre. Y no se va allí a descansar o a retirarse, sino a trabajar y a labrarse un futuro sin necesidad de estar viviendo rodeado de ruidos.
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Si volvemos al comienzo de este artículo recodaremos que un autor, muy respetado por mi, decía que el gusto por el medio rural es un sentimiento urbano. Y yo le doy la razón, pero apostillo que es un sentimiento urbano hispano, no universal y la diferencia; aparte de ciertos rasgos sociológicos entre las naciones del sur y las del norte, como la citada sociedad inglesa; radica en que el campo en España ha sido olvidado por los gobernantes salvo para captar sus votos, con caciques ayer, o con EREs hoy.
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Si un próximo gobierno de España es capaz de dar vida al campo, si un gobierno es capaz de que los pueblos se vuelvan a llenar de niños alegres que jueguen a la pelota por las calles, si un gobierno es capaz de que la gente del campo sea capaz de vivir de su esfuerzo y obtengan por ello un salario justo y digno, si un gobierno es capaz de que los jóvenes quieran volver a vivir en el campo, entonces el sentimiento de placer por contemplar los amplios campos, los ríos y las montañas, el gusto de oler a heno o a lluvia sobre la tierra mojada volverá a ser en España un sentimiento universal y no sólo urbano.

sábado, 15 de agosto de 2015

De Madrid al cielo ...

Yo, que siempre fui un chico de provincias, sentí por Madrid una atracción reverencial desde mi infancia, que transcurrió feliz en pequeñas capitales de provincia. Eran tiempos en los que ocho horas de traqueteo sobre carreteras adoquinadas y la presencia de eternos y humeantes camiones, junto con un calor mesetario, sólo aliviado por las ventanillas bajadas, era el precio a pagar por llegar a la capital, enorme, luminosa, bulliciosa... y breve. Allí no había mar, ni barcas, tan solo asfalto, calor y autobuses. Pero era la capital y allí había "de todo"
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Con el tiempo las visitas a Madrid se fueron haciendo más frecuentes, menos breves, pero también menos míticas. Madrid era la capital, si, pero también era un lugar, eso se decía, peligroso, donde la vida, llegado el caso, no valía nada. Seguía habiendo de todo pero, ¿para qué? ¿Para qué quería yo que hubiera veinte o treinta teatros, si no me los podía permitir? ¿o El Corte Inglés, cuando era algo exclusivamente capitalino?
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Madrid fue hace treinta años sinónimo de fines de semana agitados, divertidos, donde se hacían amigos y hasta novias... Un lugar donde disfrutar de viernes a domingo para después retornar a la vida diaria de estudio y trabajo en una capital de provincias. La atracción por Madrid sufrió una mutación en su naturaleza pero no en su intensidad.
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Mis recurrentes regresos a las ultraperiferias hispanas, Andalucía, Canarias o Galicia, suponía una separación del centro neurálgico, de esa "capital aborrecida" de que hablaba Fernando Castillo en su libro sobre Madrid y sus significados y las filias y fobias que genera.
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Pero desde hace ya demasiado tiempo, cerca de tres lustros, vivo en Madrid y por tanto, el mito murió de éxito. Aquí me encadené a una hipoteca, a un trabajo, a un ritmo de vida y eso acaba generando un cierto agotamiento, un deseo de escapar hacia lugares recónditos y silenciosos, no para pasar un hipnótico, fugaz y anestésico fin de semana, no. Escapar para siempre, huir a las montañas, a lugares donde se oigan los tañidos de las viejas campanas, donde el ruido del motor sobresalte y asuste, donde el silencio impere y lo impregne todo, donde los perros correteen por las calles libremente sin que sus amos los esclavicen con correas para su particular y egoísta disfrute. Donde los aromas a flores o a estiércol no dejen lugar a los de los humos. Donde una señora con un mandil de cuadros nos recuerde que comer bien y disfrutar de la vida requiere su tiempo y que no hay prisas...
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Pero aquí sigo encarcelado en una celda a medida hecha de falsa libertad, ansioso por respirar y reír de alegría cada mañana al ver montañas en el horizonte que me recuerden que estoy vivo y que allí, en ese rincón incógnito de España que aún confía verme envejecer, es donde sí que hay de todo. Hay de todo lo necesario para vivir, para vivir de verdad.
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Aquí sigo, pensando cuándo podré salir de Madrid para ir a un cielo terreno.

domingo, 12 de abril de 2015

Jara, sol y un rompimiento de gloria

El pronóstico meteorológico para ayer era demoledor ya que anunciaba inclementes lluvias que, finalmente, no aparecieron. No sin riesgo de mojarme, afronté con ganas un paseo campestre en inmejorable compañía. El lugar era cercano a Robledo de Chavela, un pequeño pueblo madrileño cuyo principal encanto reside en el paisaje de media montaña que le rodea, una estribación del imponente Gredos que se presiente. Su mayor peculiaridad es una estación de la NASA de seguimiento de la llamada  Red del Espacio Profundo. La combinación de paisaje y espacio profundo es explosiva, se lo aseguro.
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Lo cierto es que el poder disfrutar de un hotelito delicioso que tiene todas las comodidades, incluyendo, aspecto siempre descuidado en los hoteles, una espléndida y comodísima cama, fue un aliciente más para disfrutar de un fin de semana diferente..
Los cinco enebros, se llama el hotel y aunque, me parece un atrevimiento en estos tiempos tan zafios ofrecer confort y buen gusto en lugar tan alejado del mundanal ruido, al parecer, hay gente más que suficiente para decidirse por este sitio, lo cual se agradece.
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El paseo me trajo viejos recuerdos de mi juventud, el olor a jara, el brillo pegajoso y aromático de sus hojas, el viento fresco sobre el rostro, las nubes que se movían frenéticas sobre nosotros, amenazando con mojarnos, algún lejano perro ladrador. Todo ello configuraba un conjunto que resultaba grato, pleno. El paisaje estaba ahí abajo y nosotros con él. El espacio profundo arriba, muy arriba, pero no tanto como para no poder disfrutar de un rompimiento de gloria, esos rayos de sol que escapan de su prisión de nubes, como se ve en la foto de arriba.
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Les aseguro que cuando se está rodeado de una naturaleza hermosa, fértil y no estropeada por la acción depredadora del hombre y se ve sobre el cielo un rompimiento de gloria cuando se pasea de la mano de un ángel, la cercanía de Dios es evidente y se nos hace presente en estas pequeñas o enormes cosas.