sábado, 27 de abril de 2019

Reflexionando en la jornada de reflexión

La envejecida ley electoral marca que la víspera de las elecciones sean "jornada de reflexión", asunto discutido y discutible que ha perdido toda razón en el caso de que la haya tenido alguna vez. Lo cierto es que mañana, 28 de abril estamos los españoles llamados a elegir un nuevo Parlamento que configure una nueva legislatura que dé estabilidad y cierre este periodo convulso de permanente provisionalidad, incrementada el pasado verano con la llegada a La Moncloa de Pedro Sánchez y su colchón.
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El panorama político ha variado radicalmente en los últimos tres años con un golpe de estado en Cataluña, una moción de censura exitosa del PSOE con el apoyo de todos los nacionalistas, incluyendo los que habían dado el golpe de estado de octubre de 2017, la radicalización de la izquierda y la aparición con fuerza de Vox, una realidad con posibilidades de llegar al Parlamento tras su inopinado éxito en Andalucía el pasado diciembre.
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En esta situación de emergencia nacional, de polarización política, con muchas dudas y unos resultados electorales que nadie se ha ha atrevido a pronosticar, iremos mañana todos a dar nuestro voto a lo que consideramos mejor. Per, mejor ¿para quién?
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En España, por desgracia, poca gente vota pensando en el bien común en las necesidades colectivas, tan difíciles de identificar cuando hay unos niveles de bienestar adecuados y los problemas de la pasada crisis parecen haberse solventado, aunque no para todos. Pero, sobre todo estas elecciones nos van a dar la medida moral de los candidatos, el compromiso social y moral del pueblo español porque están en juego cosas muy importantes como la continuidad de la recuperación económica y la creación de empleo, la estabilidad política y social y, sobre todo, la unidad de España. Por eso mañana hay que votar pensando en el bien común, en la España que queremos para nuestras nietos. 
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Hoy el momento es tenso. Mañana puede ser trágico. Reflexionen, por favor.

lunes, 15 de abril de 2019

Alberto Giacometti en el Prado

Desde que me hice "Amigo del Museo del Prado" he empezado a visitar con mayor asiduidad la mejor pinacoteca del mundo que además, es mía... y suya, claro.
En una visita primaveral sin más propósito que inundar mi vista de belleza, aparte que la que llevaba del brazo, y pasando por las tantas veces visitadas salas de Velázquez, encontré, aunque estaba anunciado en la puerta, una exposición del escultor suizo Alberto Giacometti, fallecido en 1966. Sus características esculturas metálicas alargadas de forma antropoides muy estilizadas, se mezclaban en varias salas del edificio principal hasta veinte piezas, 18 esculturas y dos óleos, procedentes de varios museos suizos y norteamericanos, fundamentalmente, con otras obras universales, como se aprecia en la fotografía, lo que supuso mi pérdida de interés por el suizo y regreso a mi eterno interés por los clásicos, con el sevillano Don Diego a la cabeza.
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Sea experimento o disgresión, considero que ha sido una exposición fallida. Giacometti tiene su sitio en el (fallido) Museo Reina Sofía y no en el Prado. Las comparaciones siguen siendo odiosas y el interés estético, por amplio que se pretenda, no supera la prueba de poner a la Mujer de Venecia junto a las Meninas, por ejemplo. Espero que el Prado no experimente más con estas cosas, fundamentalmente por el nombre de Giacometti a quien, con todos mis respetos, cuando lo comparo con nuestro, anterior y menos conocido, Pablo Gargallo, también pierde la partida.