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lunes, 7 de agosto de 2017

La sal de la Tierra de Wim Wenders

Wim Wenders es un guionista, productor, actor y director de cine alemán que también ha trabajado en los Estados Unidos. Estudió parcialmente filosofía y medicina en la Universidad de Friburgo, luego estudió fotografía. Como director condujo varios largometrajes y fue premiado con un BAFTA británico, una Palma de Oro en Cannes y un León de Oro en Venecia. Esta película que hoy se presenta fue dirigida, junto a Winders, por el hijo del fotógrafo protagonista, Salgado, Juliano Ribeiro Salgado y estrenada en 2014. Obtuvo un Premio Cesar en Francia y un Premio Especial en Cannes y fue nominada a un Oscar o un Goya entre muchos otros.
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La sal de la Tierra es un hermoso documental que hace un recorrido por la vida y obra que, desde hace cuarenta años, levó el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado quien recorre los continentes tratando de captar los cambios de la humanidad. Ha sido testigo de grandes acontecimientos que han marcado la historia reciente: conflictos internacionales, hambruna, éxodos, etc. Sin embargo, ahora decide visitar territorios vírgenes con grandiosos paisajes y fauna y flora exóticas. Se trata de un gran homenaje fotográfico a la belleza del planeta. Participan en el proyecto su hijo Juliano y el director Wenders, también fotógrafo.
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Sebastião Salgado nos va contando su vida y sus múltiples viajes y nos va acercando a los hechos de los que fue protagonista, en África, América y otros lugares donde llega a la conclusión de que el Hombre se encamina hacia su autodestrucción. Posteriormente comienza a fotografiar diferentes paisajes, animales, en fin, la naturaleza en su estado puro y mediante el trabajo del "Instituto Terra", que se dedica a repoblar parte de la selva atlántica brasileña que sufría una fuerte sequía desde hace bastantes años.
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Es una película de una belleza grande pero con un mensaje un tanto pesimista, con tintes de ecologismo "new age", pero que nos permite darnos un baño de realidad sobre el planeta que habitamos mientras disfrutamos de unas fotografías únicas.

domingo, 6 de agosto de 2017

Un paraíso al que no deberían asomarse...

Si se fijan en lo foto que acompaña a este breve texto, podrán ver una playa. Se trata de La Lanzada, en la provincia de Pontevedra, en Galicia, ya saben, ese lugar lleno de meigas, espíritus nada benignos y lluvia permanente. La pésima comida no ayuda en absoluto a mejorar el panorama. Un lugar al que no deberían asomarse.
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La gente, como ven, deambula sin esperanza a orillas del mar, seguramente tentados de arrojarse para siempre a las olas mortíferas. Otros en cambio, más medrosos, se han tumbado sobre una mortaja esperando la visita de "la parca".
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Los negros nubarrones amenazan con descargar truenos y lluvia fría e inclemente que se fundirá con las terribles olas nacidas de la cercana tempestad que anuncia muerte y destrucción.
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El fondo, la Isla de Ons, preñada del mar al decir del genial Castroviejo, es refugio de monstruos marinos de la estirpe de Adamástor o Leviatán, que amenazan con llevarse la vida de navegantes y bañistas descuidados.
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En definitiva, háganme caso y no vengan por aquí si aprecian sus vidas. No arriesguen inútilmente su futuro cuando hay lugares, como Benidorm, Mallorca o Marbella, en los que disfrutarán más y mejor... y más barato.

domingo, 12 de abril de 2015

Jara, sol y un rompimiento de gloria

El pronóstico meteorológico para ayer era demoledor ya que anunciaba inclementes lluvias que, finalmente, no aparecieron. No sin riesgo de mojarme, afronté con ganas un paseo campestre en inmejorable compañía. El lugar era cercano a Robledo de Chavela, un pequeño pueblo madrileño cuyo principal encanto reside en el paisaje de media montaña que le rodea, una estribación del imponente Gredos que se presiente. Su mayor peculiaridad es una estación de la NASA de seguimiento de la llamada  Red del Espacio Profundo. La combinación de paisaje y espacio profundo es explosiva, se lo aseguro.
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Lo cierto es que el poder disfrutar de un hotelito delicioso que tiene todas las comodidades, incluyendo, aspecto siempre descuidado en los hoteles, una espléndida y comodísima cama, fue un aliciente más para disfrutar de un fin de semana diferente..
Los cinco enebros, se llama el hotel y aunque, me parece un atrevimiento en estos tiempos tan zafios ofrecer confort y buen gusto en lugar tan alejado del mundanal ruido, al parecer, hay gente más que suficiente para decidirse por este sitio, lo cual se agradece.
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El paseo me trajo viejos recuerdos de mi juventud, el olor a jara, el brillo pegajoso y aromático de sus hojas, el viento fresco sobre el rostro, las nubes que se movían frenéticas sobre nosotros, amenazando con mojarnos, algún lejano perro ladrador. Todo ello configuraba un conjunto que resultaba grato, pleno. El paisaje estaba ahí abajo y nosotros con él. El espacio profundo arriba, muy arriba, pero no tanto como para no poder disfrutar de un rompimiento de gloria, esos rayos de sol que escapan de su prisión de nubes, como se ve en la foto de arriba.
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Les aseguro que cuando se está rodeado de una naturaleza hermosa, fértil y no estropeada por la acción depredadora del hombre y se ve sobre el cielo un rompimiento de gloria cuando se pasea de la mano de un ángel, la cercanía de Dios es evidente y se nos hace presente en estas pequeñas o enormes cosas.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Elogio del desierto de Julio Martínez Mesanza y José del Rio Mons

Julio Martínez Mesanza, poeta y filólogo, escultor de endecasílabos, según el editor, en permanente exilio ha pasado ya por este baluarte con motivo de su antología Soy en mayo. Hoy aparece del marino y fotógrafo José del Río Mons que ilustra este breve e intenso libro de poesía verbal y visual, de alma tunecina, editado en 2009 con mimo y esmero, en dos tintas, por la sevillana Isla de Siltolá.
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De las fotos de José del Rio es buena muestra la de la portada del libro. De la conocida poesía de J. M. Mesanza, como ejemplo, comparto este poema:
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Asedio
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Sus torres arderán como si fueran
secas espigas. Caerán sus muros.
Es mucha su jactancia y excesivo
su orgullo. No conoce el latigazo
de la enorme ballesta ni conoce
el hambre que no acepta ley alguna.
Polvo será en el polvo del desierto
y de su honor no escribiremos nada.

jueves, 9 de agosto de 2012

El pintor de batallas de Arturo Pérez-Reverte

Sentí curiosidad por esta novela cuando se publicó hace seis años y me la recomendó un amigo portugués. Este verano ha sido el momento elegido para leer El pintor de batallas, novela considerada por muchos la mejor de su autor, Arturo Pérez-Reverte, y editada por Alfaguara y por Punto de lectura en su edición de bolsillo. El argumento, complejo, de contenido psicológico, narra la relación breve y confusa entre un excombatiente del asedio de Vukovar en las guerras de los Balcanes de los años 1990s y un fotógrafo, corresponsal de guerra retirado, que revive su pasado y su especial relación con otra fotógrafa muerta hace años al pisar una mina.
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La novela es un paseo por la pintura y la fotografía de guerra, por el arte y los sentimientos de culpa, de justicia y de búsqueda de la verdad y la justicia. Es también una reflexión profunda y cruda sobre la tragedia y la pasión mortal que supone cada guerra.
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Su lectura no me defraudó y me dejó pensando sobre cosas como la vida y la muerte, la culpa y el perdón, los límites morales de la profesión y todas los reflexiones contenidas en este libro que tienen mucho de la experiencia personal y las reflexiones del propio autor, testigo y escritor de batallas.

lunes, 30 de julio de 2012

Comer en Asturias. Tierra Astur en Colloto.

Por mis venas hay tanta sangre asturiana como gallega, mezclándose con la burgalesa dando un producto genuinamente norteño y en el Norte, al menos en el de España, se come bien. ¿Qué les voy a contar a Vds. de la cocina vascongada o del lacón con grelos?
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Una corta semana en Asturias ha servido para revalidar ni opinión y para dar cuenta de algunos lugares al los que merece la pena ir y perderse entre pucheros para degustar los platos de esta tierra generosa cocinadas por manos expertas y sabias en lugares interesantes.
Una cadena de restaurantes asturianos, llamada Tierra Astur, tiene varios locales en Oviedo, Gijón, Aviles o Colloto, pequeño pueblo cercano a Oviedo en la carretera de Santander. El Tierra Astur de Colloto es famoso por la decoración original donde se puede comer dentro de un enorme barril de sidra (obviamente vacío) y recuerden que es la mayor sidrería del mundo. La carta es larga, el servicio esmerado y rápido y las raciones inolvidablemente enormes y de una calidad extraordinaria. El "filete al quesu", como el de la foto, puede medir 35x15 cms.
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Es un sitio para visitar con tiempo y hambre, en grupo y con buen ánimo para pasear una larga digestión. Entonces, si la relación calidad-precio es inmejorable y la sidra abundante... ¿a qué espera?

lunes, 30 de abril de 2012

Córdoba califal y eterna

Visité Córdoba  en varias ocasiones, la primera hace más de treinta años. Poco puede cambiar en tan poco tiempo una ciudad con vocación de eternidad, donde al mismo tiempo, cada día es diferente.
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Y es así porque Córdoba ha sido capaz de fundir en la Catedral, un conjunto armónico mediante una perfecta aleación de estilos y fes, que permite ver al Crucificado entre los arcos cercanos a lo que fue el Mihrab de la mayor mezquita del mundo. O porque es también capaz de hacernos contemplar a la mujer morena, pintada por el gran Romero de Torres, o paseando por sus calles fundiendo rasgos morunos, gitanos y españoles en rostros de una belleza delicada y oriental.
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Pasear contemplando sus rincones garantiza, incluso bajo una inusual lluvia, una experiencia única. Calles recoletas, sombras con olor a azahar y piedra, donde los faroles iluminan, en la Judería, la ausencia de quienes se fueron con una esperanza que ardía en sus corazones, con las llaves de su casa, hacia una perpetua nostalgia del quien pierde raíces e historia. Del quien sabe que jamás volverá a su casa.
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Córdoba, romana, árabe, andaluza, española y universal es una promesa de eterna primavera, de luz y de canto, por donde el Guadalquivir, siempre nuevo, mueve los molinos del tiempo sin que nada pueda cambiar porque aquí el tiempo es piedra y agua, farol y sombra, caballo y toro, cal y flores y, al final de la calle, un balcón lleno de geranios entre los que se escapa el lamento desgarrado de una canción robada al tiempo.

sábado, 10 de marzo de 2012

Soneto 116 de William Shakespeare

Ayer descubrí un soneto de William Shakespeare, el número 116. Es quizás, la más hermosa definición de fidelidad, el amor que se perpetúa a lo largo del tiempo, ajeno a los cambios y las distancias, a las tormentas y a la muerte. Unas estrofas que he querido rescatar en su versión original y, más abajo en una traducción que he adaptado de otras que he encontrado y que me parece aceptable.
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Adornan los versos del inglés una foto de un faro, el de Rua Reidh, al norte de Escocia, en el que pasé una noche, hace unos cinco años, con aquellos a los que más amo; a orillas del mar, a más de diez kilómetros de la casa habitada más próxima. Allí experimentamos la fuerza de la naturaleza, la furia del viento y del mar. También la fuerza, infinitamente más poderosa, del amor. Shakespeare se lo explica así:

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Let me not to the marriage of true minds
Admit impediments: love is not love
Which alters when i
t alteration finds,
Or bends with the remover to remove.
Oh no! it is an ever-fixed mark
That looks on tempests and is never shaken;
It is the star to every wandering bark,
Whose worth’s unknown although his height be taken.
Love’s not Time’s fool, though rosy lips and cheeks
Within his bending sickle’s compass come;
Love alters not with his brief hours and weeks,
But bears it out even to the edge of doom
If this be error and upon me proved
I never writ, nor no man ever loved.
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Y ahora en español:
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No permitáis que la unión de unas almas fieles
admita impedimentos. No es amor el amor
que cambia cuando un cambio encuentra
o que se adapta a la distancia al distanciarse.
¡Oh, no!, es un faro imperturbable
que contempla la tormenta sin llegar a estremecerse,
es la estrella para un barco sin rumbo,
de valor desconocido, aun contando su altura.
No es un capricho del tiempo, aunque los rosados labios
y mejillas caigan bajo un golpe de guadaña.
El amor no varía durante breves horas o semanas,
sino que se confirma incluso ante la muerte.
Si es esto erróneo y puede ser probado,
nunca escribí nada, ni ningún hombre amó.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Aguas profundas

.....
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.....Guardad silencio y oiréis
.....prestando todo el sentido
....
.el lento paso del tiempo,
.....
que atruena sin ser oído.
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.....En seguida advertiréis
.....
el remanso de aquel río

.....
que ignorando el fuerte viento
.....
reposa sin desvarío.
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.....Mantente firme en tu cauce
.....
sin que nada te confunda
.....
que las más tranquilas aguas
.....
son siempre las más profundas.
.
P
ara P. y que el buen Dios te guarde.
.....Pascua de la Natividad del Año 2011.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Castilla de Azorín

Azorín es uno de los mejores escritores españoles del siglo XX, a pesar de que Josep Pla decía que, por ser mediterráneo, no dominaba la lengua española y que, como él, sólo escribía con frases cortas. Puede ser, pero a mi el resultado me parece soberbio.
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Es Azorín un caso extraño por que siendo alicantino se identifica con Castilla y lo castellano. Esto es lo que el mueve a escribir en 1912 este breve pero intenso libro titulado así, Castilla.
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La edición que he leído y disfrutado, editado por Incafo en gran formato, tiene dos magníficos añadidos que son un regalo. Un prólogo de Camilo José Cela, un gallego con alma mallorquina que paseó por la Alcarria. Además, tiene este volumen una excelente colección de 120 fotos de paisajes castellanos, obra de Juan Antonio Fernández Durán, que recuerda al mítico Ortiz Echagüe.
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Nos dice el propio Azorín que en este libro "pretende aprisionar una partícula del espíritu de Castilla". Y es el néctar que esa partícula el que al leer nos hacemos con el sentido y el decoro de Castilla y lo castellano a las que ayuda la contemplación de las láminas que acompañan los capítulos de este libro, delicado y poético a pesar de tratar un tema rudo, a veces, áspero, como es la Castilla profunda y eterna que conformó a España.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Un Papa nazi o la manipulación de la Verdad

Por internet ha circulado estos días, aprovechando que en Madrid se celebraba la JMJ, una foto del Papa de cuando era un joven y humilde sacerdote, en la cual supuestamente está saludando a estilo nazi. Es esa que pueden ver a la izquierda.
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Esta foto fue publicada en diversos medios digitales, e incluso fue publicada en un libro del hispano-peruano, y gran manipulador anticlerical, Eric Frattini.
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Pero resulta que no es más que una burda manipulación. Un magistral ejemplo del depurado arte que hay que reconocer a cierta izquierda para la que la verdad no es nada e incluso puede llegar a ser un obstáculo para sus fines no necesariamente limpios al más viejo estilo de Willi Münzenberg, el gran teórico y práctico del agit-prop comunista y que murió asesinado por Stalin.
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En realidad la foto del supuesto saludo nazi es una simple recorte de la verdadera foto, que es la que se muestra a la derecha, en la cual el sacerdote católico Joseph Ratzinger, junto con su hermano Georg, también un joven cura, estaba dando una bendición colectiva, con los dos brazos abiertos.
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Además no fue hasta 1951, es decir seis años después de la caída del régimen nacionalsocialista, en que Joseph Ratzinger fue ordenado sacerdote lo que incrementa aún más lo burdo del intento de engaño. Y es que cuando la verdad molesta, se cambia y ya tenemos una hermosa historia "progresista" que contar...
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En cambio soy de los que piensa que "La Verdad os hará libres" (Jn 8, 32). Y para esto no hace falta recortar nada ni engañar a nadie.

martes, 8 de febrero de 2011

A tu vera crece el olmo

A tu vera crece el olmo

generoso y rubio el trigo,

cuyo alma arrancará

la mano noble y experta

quebrada por el calor

y los hielos de tu vega.

Con tu agua sacan vida

de la viña alimentada,

como matrona terrera,

gozosa dará su fruto

que nacerá de esta tierra

y el elixir de sus granos

mudará en un agua eterna

para solaz de tus gentes,

para que alaben a Dios.

De tus fuerzas hacen luz

pero pierdes según creces

el vigor de tu carrera

y ya lusitano mueres

en un lejano poniente,

donde Castilla es recuerdo

donde tu dulce sabor

es memoria de otro tiempo.

Ayer Machado tomó

de ti, su gélido espejo,

memoria, musa y pasión,

palabras de gran respeto.

Hoy te vengo yo a decir

con torpeza de juglar

que siento en mi tu caudal.

Mi sangre, cauce prestado

te roba vida al mirar

con memoria demudada

el recio y firme marchar

de tus huestes victoriosas

que raudas van hacia el mar.

Fuiste barro, sangre y hielo,

historia, sonrisa y muerte.

te recuerdo como siempre

con un cierto cansado anhelo

Hoy te miro, Duero amigo

viejo río dolorido

tranquilo, frio y cercano,

vivo, eterno y siempre mío.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El sol, a orillas del mar, metido en una copa

Había salido de la villa castellana en que (sobre)vivo sólo unas horas antes, ayer ya de tarde. Allí la lluvia empapaba el aire y el frío, que cortaba los hálitos, se medía en cifras irrisorias de la escala de Celsius.
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El camino que atravesaba hacia el norte la estepa castellana, seca, dura y gélida, poblada de nobles e inútiles castillos y solitarias espadañas no presentaba en su ascética reciedumbre un panorama mejor. El viento y la lluvia azotaba a los últimos peregrinos que iban a Compostela. Mecía también los olmos que jalonan el Duero o los campos, aparentemente estériles, que nos darán el pan el próximo verano y el primer vino en otoño. Y con ambos la Paz.

Esta mañana, en la costa atlántica, cabalgando sobre un recodo de la Ría de Arosa, el sol secaba los charcos de las últimas lluvias, calentaba los fríos rigurosos del pasado otoño y alegraba esta mañana ociosa y bulliciosa, antesala de una fiesta casi siempre ordinaria y un tanto absurda (¿se han felicitado Vds. alguna vez los meses de Abril o las segundas quincenas de Noviembre?).
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Un alto en el largo y gratificante paseo me sorprendió al sol, frente a una breve mesa en la que imperaba una copa de vino, producto de esta tierra gallega que me vio nacer hace demasiados años. El vino, de un color dorado, resultado del duro trabajo de los hombres y de la paciencia de los cosecheros, daba la impresión, ahí metido en su copa, de ser una embajada del sol, un rayo de luz que salió de una botella. Como si el hombre fuera capaz de embotellar el clima que alegra los corazones para poder disfrutarlo en diciembre o en cualquier otro mes cuando las lluvias y el frío son lo habitual. Sé que no es así, pero hoy me apetece pensar que sí es posible, y por eso se lo cuento.

viernes, 20 de agosto de 2010

Oceanario de Lisboa

Jamás pude pensar que un pescado me iba a entusiasmar más allá de los que se presentan en plato con escueta guarnición y gran aparato de vino blanco. En Lisboa llegué a descubrir que no es así. Soy capaz de sentir emociones ante una obra bien hecha, grande, bien presentada, didáctica, entretenida que enseña a disfrutar de la vida marina, de los peces y de los ecosistemas marinos. Y que además me ha hecho repetir, contra todo pronóstico, la visita varias veces.
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Me refiero al Oceanario de Lisboa, el segundo mayor acuario del mundo. Una gigantesca bañera de tres pisos en la que conviven en aparente paz miles de especies, incluidas 14 tipos de tiburones, a la que puede asomarse gracias a unas grandes ventanas panorámicas.
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Si van a Lisboa, cosa altamente recomendable, no dejen de visitar el Oceanario antes de perderse por sus calles y dejarse embriagar de su magia. Una magia que viene del mar, cuya esencia se visita en el Oceanario.

lunes, 16 de agosto de 2010

Meditación de la modernidad a orillas del río Gándara

Fue una semana plácida. El Valle de Soba, en Cantabria, nos regaló parte de su silencio y nosotros pusimos momentos de lectura, juegos, paseos, conversaciones interesantes y otras, las mejores, absurdas con menores de cinco años. Aire puro, comida sana, vistas relajantes. El río Gándara con su paso cadencioso lo regaba todo. Todo ello configuró una semana de descanso, seguramente merecido.
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En uno de los largos paseos entré en un pequeño cementerio, en el pueblo de Villar. Allí unos 50 nichos recogían los restos de otros tantos parroquianos. Siempre he sentido interés por los cementerios ya que al fin y al cabo todos acabaremos en uno. El de Villar me sorprendió por el hecho de que, tras una rápida ojeada, comprobé que el más joven de los allí enterrados tenía 67 años al morir, la mayoría andaban entre los 70 y los 90, y unos 15 eran mayores de 90 años, siendo el veterano del grupo un vecino de 97 años.
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Esto me hizo recordar, mientras subía unas empinadas cuestas, que sin salir de mi familia, en los últimos cinco años habían muerto tres varones cuya edad rondaba los 40 años. Todos ellos personas activas, universitarios, trabajadores y padres de familia. Todos ellos urbanitas, usuarios habituales de coche y teléfono móvil.
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Pensé entonces sobre las ventajas de la vida en el campo y en eso que llaman "comodidades" de la vida urbana. Pensé en los esfuerzos de los campesinos de estos valles, en los cuidados de ganado y sembrados sobre las nieves que todo lo cubren o bajo un sol de justicia. Los caminos de difícil tránsito, la escasez de comunicaciones y de entretenimientos. A cambio, se obtiene una larga vida saludable.
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La elección está en nuestras manos y quizás una solución intermedia sea lo ideal, combinando la vida activa y sana de las montañas con algunas de las comodidades de las ciudades donde, por desgracia, debemos trabajar la mayoría de los mortales.

lunes, 2 de agosto de 2010

Por las calles de Sevilla


Caminaba, en una noche cálida y triste, por las calles de Sevilla. Pensaba y sudaba, casi a la vez que rezaba. No estaba yo en Sevilla de vacaciones, ni de Feria. Fui a una despedida. Una persona entrañable a la que traté poco, conocía algo y quería mucho se fue para siempre. Ya no pasará calor en Sevilla. Y en Sevilla pasaba mucho calor. No sólo porque "la caló" sea por veces insoportable, al menos para mí que soy del Norte, sino también porque con una familia grande por lo numerosa y grande por la grandeza de ánimo y de espíritu, el calor, el de verdad, el humano, es delicioso y se vive y se disfruta hasta sus últimas gotas. Así, la vida se puede sorber, en su gran copa, aprovechando hasta el último hilillo que queda, con el último suspiro y, también, con la última sonrisa.

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Y pensando yo en estas cosas, mientras iba acercándome al Convento que me iba a dar cobijo esa noche, en el Barrio de San Lorenzo, pasé junto a un farol. El mismo farol que tantas veces alumbró al Jesús del Gran Poder que tiene cerca su morada. Al verlo no pude evitar recordar los candeeiros de Alfama, en Lisboa, ciudad hermana de Sevilla, tan cercanos en el tiempo y en el corazón. Recordé también que la luz es aquello que vemos para tener una referencia en la oscuridad, como hace un faro en una costa bravía. Pero también es ese resplandor el que nos permite ver lo que nos rodea, ser conscientes de todo aquello que a la luz intensa del día sevillano apenas atraería nuestra atención. Y por eso, en mis cavilaciones, aquel farol me recordó la Luz que ilumina nuestros caminos permanentemente en nuestro deambular por las oscuras calles de la vida. Ese resplandor que nos indicará, en su momento, el final del camino que estamos recorriendo, allá donde la verdadera Luz sea el comienzo de una nueva andadura, diferente, mejor, más larga y segura. La que inició, dejando el calor sevillano, esa persona entrañable a la que traté poco, conocía algo y quería mucho. Laus Deo.

miércoles, 23 de junio de 2010

Que dulces son tus lágrimas

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Que dulces son tus lágrimas

que van al profundo mar

cuando son parte del rio

que me arrastra sin cesar.

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Que plácidos tus sollozos

ecos que quiebran la voz

cuando pretenden decirme

lo que ya sabe hasta el Sol.

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Como me calma tu pena

tu angustia, tu ansia y pasión

cuando las llamas de tu alma

no queman mas dan calor.

miércoles, 16 de junio de 2010

Sintra, verde remanso de paz y vino

Sintra es una pequeña localidad situada a unos 30 kilómetros al Norte de Lisboa sobre una verde montaña plagada de palacios, villas suntuosas, a veces también ruinosas, y árboles centenarios, caminos tortuosos y cuestas empinadas, silenciosos jardines franceses e historias jamás contadas que se ocultan tras las sombras de los árboles, de amores imposibles, de traiciones sin cuento, de secretos insondables y de conspiraciones y negocios turbios, de logias masónicas que preparaban regicidios y de turistas inglesas que buscaban el exotismo, sin darse cuenta que ellas eran los únicos seres absolutamente fuera de lugar en este decadente paraiso verde donde aún se oyen tocar guitarras en los callejones que, atónitos, presencian también las apresuradas carreras de unos japoneses que consultan un mapa del revés.
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Así es Sintra, o al menos así lo he visto y vivido varias veces. Pero para eso es necesario pasear despacio, sin prisa y sabiendo que al final del camino hay una copa de vino blanco, fresco, esperando sobre una mesa solitaria donde antes se sentaron varias decenas de japoneses y un puñado de señoritas británicas luciendo su exótico y poco atractivo rictus y su amaneramiento que resulta tan poco elegante que nadie duda de su no "ibericidad".
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Al fin, sobre la mesa una vela ilumina la soledad del momento, los pensamientos alegres, o no, de quien la contempla en la espera de un plato donde el cadáver de un animal acuático sin patas será presentado para deleite de quien ha encontrado el lugar donde, entre fogones y pucheros, esparaba el pez su visita, conviertiéndose así el visitante en ambulate enterramiento del manjar. Y llega. Y se acaba entre sorbos del elixir de la vida, de esa mezcla de sol, tiempo y uvas, que alegra los corazones y ennoblece los espíritus cuando lo consumen con mesura y veneración.
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Pero eso, podrán decirme, ocurre también fuera de Sintra, y les debo dar la razón, pero no me permitan fabular. Yo les contaré sólo lo que he vivido, y lo he vivido aquí, junto al Palacio da Pena. Y no por casualidad.

domingo, 9 de mayo de 2010

Primavera

Es primavera. He salido al campo para comprobarlo y para dejar testimonio de ello y aprovecho para mostrar una foto que, admítanlo, tiene su encanto.

Es primavera desde hace bastantes semanas pero el clima se había empecinado en ocultarlo, y aún continúa en su empeño. Sí, es primavera y no sólo en el Corte Inglés, o a orillas del Volchov.

La naturaleza nos lo hace saber con su belleza habitual, con los más pequeños y delicados detalles, con el diseño ligero, sutil y perfecto de los pétalos de una margarita silvestre, todos iguales, todos perfectos, todos dispuestos para ser admirados, aún a sabiendas que nadie se va parar a verlos. Esta es la grandeza de la naturaleza que no es otra cosa que el reflejo de la grandeza de su Creador. Laus Deo.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Quisiera ser ...

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Quisiera ser la negra nube
que oscurece tus mañanas
mientras riega tu jardín.
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Quisiera ser el viejo autobús
que ruidoso y humeante
te lleva siempre a tu destino.
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Quisiera ser el molino de viento
que gira loco, sin pulso y sin fin
para darte cada mañana el pan.
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Quisiera ser el canto del pájaro
que cada mañana te despierta
y te invita a vivir un nuevo día.
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Quisiera ser el aire que respiras
que con sus malos humos y olores
te llena y te da la vida cada día.
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Quisiera ser la esa estrella que
cada mañana ocupa tu horizonte
y te marca el camino hacia la Luz.