viernes, 14 de abril de 2017

Tres colores: Azul de Krzysztof Kieslowski

Krzysztof Kieslowski fue un director de cine polaco que, tras varios trabajos para la televisión y el cine en Polonia, se trasladó a Francia donde dirigió varias películas de entre las que destaca su trilogía de la que ésta que hoy se presenta es la primera entrega. El guión original del director, se ve acompañado por un trabajo excelente de Juliette Binoche, por la impresionante música de Zbigniew Preisner y por unos planos inverosímiles de gran belleza. Está considerada por muchos críticos como una de las obras de arte del cine. Entre los premios recibidos, figuran el León de Oro a la mejor película, el de mejor actriz y la mejor fotografía en el Festival de Venecia de 1993, además de tres premios César de las 9 nominaciones recibidas y tres otras 3 nominaciones a los Globos de oro de ese mismo año.
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Azul cuenta la transformación que experimenta Julie tras el accidente de tráfico en el que pierde a su marido Patrice, un prestigioso compositor, y a su única hija Anna. Al recuperarse de sus lesiones, decide comenzar una nueva vida, independiente, solitaria y anónima, alejada de los privilegios de los que disfrutaba e intentado librarse de todas las ataduras de su pasado. Adopta una serie de posturas y actitudes para afirmar su nueva libertad pero pronto se dará cuenta de su error. Olivier, el ayudante de Patrice, que está enamorado de ella desde hace muchos años, intenta sacarla de su aislamiento y acaba convenciéndola para que termine la sinfonía “Concierto para Europa”, la ambiciosa obra inacabada de Patrice.
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Se trata de una película única que tardé muchos años en decidirme a verla tras haber leídos muchas críticas elogiosas. Se trata de un bello poema visual, primera parte de su magistral trilogía y absolutamente recomendable y necesaria para cualquier amante del cine.

martes, 11 de abril de 2017

Carta a una joven esposa

Querida hija:
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Hace tan sólo unos días te di mi bendición ante el altar antes de que comenzara la ceremonia de tu boda e iniciaras así una nueva vida. Fue un momento emocionante ya que emprendías un largo y único viaje.
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Es el viaje que muchos alguna vez comenzamos. Un viaje en cuyo preciso inicio ponemos toda nuestra atención, pasión y esfuerzo, ya que es un momento único y verdaderamente especial. Pero es sólo el comienzo de una gran aventura de muchos años que resulta más intensa, larga e interesante que preparar una boda, cosa que apenas dura unas horas.
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Ahora es quizás el momento de decirte cosas que nunca te dije o quizás no tan claramente como haré ahora. Muchas ya las sabes, otras las intuyes o supones, pero quiero que queden por escrito ya que las palabras se las lleva el viento y la ocasión merece la pena, ahora que ese sábado primero de abril te parece, diez días después, ya muy lejano.
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No me considero ejemplo de nada y mi testimonio tiene el único valor de los muchos errores cometidos durante una larga e intensa vida como la mía. Pero si puedes aprender de los errores ajenos, te los podrás evitar. En cambio cometerás otros genuinamente tuyos y deberás aprender a reconocerlos y a pedir perdón por ellos. Esta es quizás la primera lección. El perdón junto con el olvido son las herramientas principales de la convivencia. En tu familia tienes el ejemplo del perdón heroico de tu bisabuelo Luis Belda, que ya está en los altares. Su sangre va por tus venas, no lo olvides nunca.
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San Pablo alertó, con gran belleza, a sus discípulos de Éfeso que no dejaran que "el sol se pusiera en su ira", es decir, no te permitas el lujo de acostarte enfadada con tu esposo. Ninguno de los dos dormirá a gusto y, sobre todo, has de saber que estas pequeñas heridas, aparentemente insignificantes, acaban engangrenándose y matando lo que estaba sano. Tenlo siempre presente y recuerda que siempre, siempre, tendrás parte de la culpa.
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La vida que ves ahora optimista, luminosa y prometedora te tiene reservada sorpresas desagradables. Supongo que lo imaginas. Habrá enfermedades, vuestras o de vuestros hijos, mis nietos, a los que ya amo aunque existan tan sólo en la mente fecunda de Dios. Tendréis problemas con los trabajos, con vuestros respectivos jefes, con las vacaciones de cada uno, con los horarios. El dinero, esa potente herramienta de Satanás, os esclavizará en algún momento y tendréis la tentación de pensar que sin él nada es posible. Todos estos problemas suceden porque tienen que suceder, porque Dios lo permite y porque son, cuando se viven desde la trascendencia, oportunidades para acercaros más al Señor y para cimentar aún más vuestro amor que no debe ser otra cosa que el reflejo del que Dios os tiene como matrimonio.
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No os permitáis "planes paralelos", por inocentes que parezcan, ya que sois una sola carne las 24 horas del día. Por eso mismo habéis de rezar juntos, laudes, vísperas, el rosario, al acostaros y al levantaros o cuando os apetezca y, por supuesto, siempre, siempre, que aparezca un problema. Recordad que os hicisteis esposos sosteniendo una cruz. No es sólo un símbolo. Es la constatación de que las cruces que en adelante hayáis de soportar son parte de vuestra vida, parte de vuestro matrimonio y cimiento firme de vuestro amor.
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Todo eso lo tenéis que ir descubriendo vosotros solos. Para todo lo demás, que es muy poco, nos seguís teniendo a vuestra disposición.
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Un beso para que compartáis.
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El padre.

viernes, 7 de abril de 2017

Anábasis de Jenofonte

Jenofonte fue un historiador, militar y filósofo griego que nació en Atenas en 431 a.C. y murió en 354 a.C., seguramente también en la capital griega. Es conocido por sus escritos sobre la historia de Grecia y otros aspectos de la cultura y política helénica, incluyendo sus crónicas de la guerra del Peloponeso o sobre su maestro, Sócrates. Sus escritos son una narración de sus propias experiencias, en especial en el ejército ateniense. Su escritura es fresca, rápida y precisa, lo que confiere a su estilo, sin duda, una claridad y sencillez que le hace ser de los escritores clásicos más apreciados.
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La Anábasis es la narración de la llamada Expedición de los Diez Mil, que fue una campaña en la que se enfrentaron un contingente de mercenarios griegos, reclutados por el persa Ciro el Joven, durante una revuelta para destronar a su hermano mayor, el rey Artajerjes II del trono de Persia. La expedición ocurrió entre el año 399 a.C. al año 401 a.C. y supuso para las fuerzas mandadas por Jenofonte un recorrido desde el extremo occidental de Asia Menor hasta las orillas del Éufrates y su regreso, combatiendo contra todas las tribus con quienes se cruzaban tras la muerte de Ciro y el consiguiente fracaso de la expedición.
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El libro se lee como un diario de operaciones en los que las circunstancias cambiantes y los graves problemas de disciplina y logísticos, en especial la falta de víveres y de sueldo para sus mercenarios, hace que Jenofonte ponga a prueba sus dotes de líder, llevando a buen término la expedición y poniendo ante el lector problemas muy antiguos pero de plena actualidad en los ejércitos actuales.