martes, 11 de abril de 2017

Carta a una joven esposa

Querida hija:
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Hace tan sólo unos días te di mi bendición ante el altar antes de que comenzara la ceremonia de tu boda e iniciaras así una nueva vida. Fue un momento emocionante ya que emprendías un largo y único viaje.
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Es el viaje que muchos alguna vez comenzamos. Un viaje en cuyo preciso inicio ponemos toda nuestra atención, pasión y esfuerzo, ya que es un momento único y verdaderamente especial. Pero es sólo el comienzo de una gran aventura de muchos años que resulta más intensa, larga e interesante que preparar una boda, cosa que apenas dura unas horas.
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Ahora es quizás el momento de decirte cosas que nunca te dije o quizás no tan claramente como haré ahora. Muchas ya las sabes, otras las intuyes o supones, pero quiero que queden por escrito ya que las palabras se las lleva el viento y la ocasión merece la pena, ahora que ese sábado primero de abril te parece, diez días después, ya muy lejano.
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No me considero ejemplo de nada y mi testimonio tiene el único valor de los muchos errores cometidos durante una larga e intensa vida como la mía. Pero si puedes aprender de los errores ajenos, te los podrás evitar. En cambio cometerás otros genuinamente tuyos y deberás aprender a reconocerlos y a pedir perdón por ellos. Esta es quizás la primera lección. El perdón junto con el olvido son las herramientas principales de la convivencia. En tu familia tienes el ejemplo del perdón heroico de tu bisabuelo Luis Belda, que ya está en los altares. Su sangre va por tus venas, no lo olvides nunca.
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San Pablo alertó, con gran belleza, a sus discípulos de Éfeso que no dejaran que "el sol se pusiera en su ira", es decir, no te permitas el lujo de acostarte enfadada con tu esposo. Ninguno de los dos dormirá a gusto y, sobre todo, has de saber que estas pequeñas heridas, aparentemente insignificantes, acaban engangrenándose y matando lo que estaba sano. Tenlo siempre presente y recuerda que siempre, siempre, tendrás parte de la culpa.
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La vida que ves ahora optimista, luminosa y prometedora te tiene reservada sorpresas desagradables. Supongo que lo imaginas. Habrá enfermedades, vuestras o de vuestros hijos, mis nietos, a los que ya amo aunque existan tan sólo en la mente fecunda de Dios. Tendréis problemas con los trabajos, con vuestros respectivos jefes, con las vacaciones de cada uno, con los horarios. El dinero, esa potente herramienta de Satanás, os esclavizará en algún momento y tendréis la tentación de pensar que sin él nada es posible. Todos estos problemas suceden porque tienen que suceder, porque Dios lo permite y porque son, cuando se viven desde la trascendencia, oportunidades para acercaros más al Señor y para cimentar aún más vuestro amor que no debe ser otra cosa que el reflejo del que Dios os tiene como matrimonio.
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No os permitáis "planes paralelos", por inocentes que parezcan, ya que sois una sola carne las 24 horas del día. Por eso mismo habéis de rezar juntos, laudes, vísperas, el rosario, al acostaros y al levantaros o cuando os apetezca y, por supuesto, siempre, siempre, que aparezca un problema. Recordad que os hicisteis esposos sosteniendo una cruz. No es sólo un símbolo. Es la constatación de que las cruces que en adelante hayáis de soportar son parte de vuestra vida, parte de vuestro matrimonio y cimiento firme de vuestro amor.
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Todo eso lo tenéis que ir descubriendo vosotros solos. Para todo lo demás, que es muy poco, nos seguís teniendo a vuestra disposición.
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Un beso para que compartáis.
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El padre.

4 comentarios:

Mon027 dijo...

Mi más sentida enhorabuena, Pipe. Un abrazo para toda la familia.

Belen Morala dijo...

Precioso y muy cierto, Luis. Un beso muy fuerte para todos

Enrique García-Máiquez dijo...

Me uno a las felicitaciones, y guardo esta carta de modelo para cuando, D. m., tenga que escribir una parecida. Abrazo muy fuerte.

Abu Saif al-Andalusi dijo...

Gracias a todos. Un abrazo