lunes, 28 de agosto de 2017

Cosas que aprendí en el Camino de Santiago

Este verano, por segunda vez, acompañado de mi santa y con la mochila a la espalda recorrí otro centenar de kilómetros del Camino de Santiago. Camino que lleva un milenio viendo pasar gente en pos del abrazo con el Hijo del Trueno, apóstol, mártir y amigo de Jesús. Llegaremos, a este paso, dentro de unos años, si Dios quiere, y en ese momento, casi seguro que querremos volver a empezar de nuevo ya que la vida no se puede concebir si un camino que recorrer y este, puestos a elegir, es uno de los mejores por varios motivos que aprendí y que les cuento.
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- Todavía es posible entenderse con alguien que ignora absolutamente tu idioma (y viceversa) cuando te mueve un mismo anhelo y de él nace, sin palabras inteligibles, tan sólo con miradas y gestos, una amistad que podría llegar a ser eterna si se dieran las circunstancias.
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- Todavía hay pueblos e España donde suenan las campanas anunciando las misas, o las horas o lo sea necesario. De hecho contribuí mínimamente a que un pueblo tenga una nueva campana que resonará en un valle riojano para recordar que Europa sigue siendo ella misma, o sea, cristiana.
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- Todavía hay pueblos en los que los niños juegan al fútbol en las plazas y las calles y que no está prohibido, condenando a los más pequeños a llevar una vida oscura y gris frente a una pantalla como si fueran tristes niños de ciudad.
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- Todavía hay pueblos donde se puede uno bañar en el río sin que una ordenanza municipal diga que está prohibido por alguna razón que todos ignoran...
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- Todavía es posible tomar carnes, verduras y vinos que saben a carne, verduras y vino y que no vienen en asépticas bandejas de plástico, sin gérmenes y sin vida.
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- Todavía queda mucha, muchísima gente que sufre y busca sin saber qué y se pone camino de Santiago esperando que una Luz ilumine su vida. Y han de eliminar una gruesa capa de costra que la sociedad pagana ha ido adhiriendo a sus almas y que le apartan de Dios y su Iglesia.
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- Todavía hay lugares en el Mundo, como ese Camino, donde es posible sentirse verdaderamente libre.
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Por eso y por muchas cosas más el año que viene, si Dios quiere, volveré a ponerme en camino. 

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