lunes, 11 de enero de 2016

La dulce vida en el campo

Leía plácidamente un libro hermoso y con sabor antiguo, el buen sabor de siempre, y me encontré con una afirmación que me hizo pensar. Venía a decir el autor que el gusto por la vida campestre y lo rural es un sentimiento urbano y relativamente reciente. Reconozco que me dejó descolocado. Más teniendo en cuenta que me considero un amante de la vida rural que vive encerrado, muy a su pesar, en una prisión de humo y asfalto.
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Pero es cierto que cuando uno ha vivido en el campo o ha hecho frecuentes excursiones por las montañas de España, a veces en condiciones no muy cómodas, se acaba echando de menos el suelo seco, la calefacción y un techo sin goteras, mientras disfruta, a cambio, de majestuosos paisajes que apenas eran valorados por los antiguos y quizás tampoco ahora por los lugareños.
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La vida en la ciudad tiene una serie de comodidades que nos hace acomodaticios a sus muchos defectos. Desde la ciudad vemos el campo como un lugar al que escaparnos y pasar sólo unas horas para regresar poco después a la gran urbe impersonal y autodestructora en la que vivimos.
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Durante décadas, mucha población rural se vio obligada en abandonar sus pueblos y las tierras de sus padres para buscar un futuro, que imaginaron mejor, en las grandes ciudades donde sufrieron el desarraigo y otras enfermedades sociales modernas. El espejismo del desarrollo industrial, la urbanización salvaje y la dejación culpable e irresponsable de los gobiernos españoles desde hace más de sesenta años causaron todo este problema, de muy difícil solución. Como efecto secundario se despobló el campo y los pueblos abandonados son ya parte del paisaje triste, mesetario y lúgubre de España.
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Pero, ¿sucede igual en todos los países? Puedo asegurar, porque lo he vivido, que en Inglaterra el campo está más vivo que nunca. Allí, los pueblos, por pequeños que sean, tienen vida, niños, colegios, futuro. El inglés en cuanto puede se va al campo, pero no para un fin de semana, sino para siempre. Y no se va allí a descansar o a retirarse, sino a trabajar y a labrarse un futuro sin necesidad de estar viviendo rodeado de ruidos.
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Si volvemos al comienzo de este artículo recodaremos que un autor, muy respetado por mi, decía que el gusto por el medio rural es un sentimiento urbano. Y yo le doy la razón, pero apostillo que es un sentimiento urbano hispano, no universal y la diferencia; aparte de ciertos rasgos sociológicos entre las naciones del sur y las del norte, como la citada sociedad inglesa; radica en que el campo en España ha sido olvidado por los gobernantes salvo para captar sus votos, con caciques ayer, o con EREs hoy.
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Si un próximo gobierno de España es capaz de dar vida al campo, si un gobierno es capaz de que los pueblos se vuelvan a llenar de niños alegres que jueguen a la pelota por las calles, si un gobierno es capaz de que la gente del campo sea capaz de vivir de su esfuerzo y obtengan por ello un salario justo y digno, si un gobierno es capaz de que los jóvenes quieran volver a vivir en el campo, entonces el sentimiento de placer por contemplar los amplios campos, los ríos y las montañas, el gusto de oler a heno o a lluvia sobre la tierra mojada volverá a ser en España un sentimiento universal y no sólo urbano.