sábado, 31 de diciembre de 2016

Fin de año en Francia

He tenido desde hace años el deseo de acostarme un 31 de diciembre a las 23:00 para que el cambio de año me pille roncando. Todavía no lo he conseguido, pero todo se andará. En esta ocasión, al menos pude disfrutar de un fin de año diferente, mucho mejor, de hecho, que mi sueño anteriormente descrito. Este cambio de año me encontró en la compañía de mi familia y unos buenos amigos en Francia y la transición fue la más dulce posible. No entraré en detalles, que no vienen aquí a cuento, pero quiero repetir, sin duda, en años venideros.
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Lo cierto es que tuve la oportunidad de pasar una semana en el este de Francia, en el antiguo Franco Condado, posesión española en tiempos del Emperador Carlos, cercana a Borgoña. En concreto en el Departamento de Jura y guiados por nuestros amigos pudimos visitar una región de una belleza extraordinaria que está muy bien cuidada en la que los efectos perniciosos de una espantosa estética moderna no ha deteriorado los pequeños pueblos que se mantienen como hace doscientos años.
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Hacía un frío extremo que dejaba el paisaje de un blanco algodonoso por el hielo, como se ve en el árbol de la primera foto en Château-Chalon, un hermoso pueblo que domina un fértil valle vinícola,  que da nombre a una denominación de origen.
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Tuve la oportunidad de conocer otros lugares de una belleza única como Baume-les-Messieurs, que se puede ver en la segunda foto. Es un pueblo pequeño que se encuentra al comienzo de un valle cerrado por unos altos farallones de entre cuyas rocas nace el río que se puede apreciar.
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Como tercer ejemplo, comparto con mis lectores una foto de Arbois, un pueblo mayor que los anteriores, donde por cierto nació Louis Pasteur, también famoso por sus vinos y que ofrece rincones tan bellos como el viejo puente junto a la torre. Este pueblo también da nombre a una denominación de origen vinícola.
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¿Y porqué en Francia se conservan, a diferencia de España, tan bien los pueblos pequeños a pesar de lo inclemente del clima? Sencillamente porque allí cuidan el campo y entonces el campo, siempre generoso, cobra vida, genera riqueza y se mantiene hermoso y agradable para quienes se muestran cuidadosos con él.