domingo, 11 de diciembre de 2016

La diligencia de John Ford

John Ford fue un director de cine norteamericano de origen irlandés que falleció en 1973 tras haber dirigido 132 largometrajes, el primero de los cuales, mudo, fue estrenado en 1917. Además fue galardonado con siete Oscar de los quince a los que fue nominado. En resumen, es, sin exageración ni empacho, el mejor director de cine de la historia, o incluso se podría afirmar que John Ford "es el cine". Alguno ha ido más allá y ha dicho que en el futuro se dirá que Shakespeare fue el John Ford de la literatura...
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La diligencia, estrenada bajo el título original de Stagecoach en 1939, es de esas diez o doce filmes sobre los que hay una cierta unanimidad para situarlos como "la mejor película de la historia", cosa que es, por fortuna, imposible de determinar. Merecedora de dos Oscar, a la mejor música y al mejor actor secundario, Thomas Mitchell, que encarna a Doc Boone, fue nominada para otras cinco estatuillas. Esta película ha sido modelo y escuela para muchos, como Orson Welles que la vio 40 veces seguidas antes de comenzar el rodaje de Citizen Kane. También fue pionera en muchas cosas, como el primer rodaje en Monument Valley o el descubrimiento de John Wayne, que deja de ser para siempre un actor secundario para convertirse en mito.
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En esta película, personajes de variada especie y condición hacen un peligroso e incómodo viaje en diligencia por un territorio donde los apaches de Gerónimo se han sublevado. Comparten angosto espacio entre otros una prostituta expulsada de su pueblo, un tahúr, un médico borrachín, un banquero cascarrabias y no muy honrado, la mujer embarazada de un capitán o un comisario. Entre ellos, Ringo Kid, un fugado de la cárcel busca vengarse de tres hermanos. Las relaciones no son del todo amigables y la tensión está a flor de piel.
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El maestro Ford, gracias a esta película, consiguió resucitar el género del western, que estaba en decadencia en 1939, y alzarlo a las más altas cotas de la calidad artística y técnica. Hay monografías, tesis doctorales y abundantes libros que explican los entresijos de La diligencia. Por mi parte sólo les animo a que la vean con calma, disfrutándola paso a paso y luego la recuerden, la piensen y, si se lo pide el cuerpo, la vuelvan a ver. No se arrepentirán.