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No quiero quitar importancia a este diario de tanta enjundia que fue la primera obra del genial ampurdanés, pero, personalmente, considero de mayor interés, calidad y calado sus artículos periodísticos en los que narra los hechos de los que fue testigo, como el efímero y frustrante desarrollo de la II República, o la marcha sobre Roma de 1922, por no hablar de su visión sobre las artes y literatura españolas durante varias décadas y de las que fue un privilegiado testigo o de su genial Viaje en autobús.
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El Cuaderno gris fue publicado por primera vez en su versión original en catalán en 1966 pero fue escrito entre marzo de 1918 y noviembre de 1919. He leído la primera edición en castellano de este Cuaderno, publicado por Ed. Destino en 1975 y traducido por Dionisio Ridruejo.
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Este libro es un documento de gran valor histórico por retratar la vida de la Barcelona turbulenta de esos años, de una universidad decadente y de una vida rural de gran dinamismo. El retrato, cargado de ironía, que Pla hace de su tiempo y de las gentes con que comparte sus experiencias, amigos, familia o contertulios, nos hace evocar unos tiempos pasados, no muy diferentes a los actuales, en los que la miseria y la alegría del campo se mezclan con la turbulencia y violencia urbana, los últimos coletazos del carlismo se mezclan con los primeros del nacionalismo mientras, como paisaje de fondo, apenas perceptible, los pistoleros a sueldo y los anarquistas escriben con plomo el prólogo a la tragedia española que se avecina.
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Su lectura es necesaria, no sólo para disfrutar del primer Pla y de su pluma viva e incisiva, sino también para conocer mejor quienes somos.
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El Cuaderno gris fue publicado por primera vez en su versión original en catalán en 1966 pero fue escrito entre marzo de 1918 y noviembre de 1919. He leído la primera edición en castellano de este Cuaderno, publicado por Ed. Destino en 1975 y traducido por Dionisio Ridruejo.
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Este libro es un documento de gran valor histórico por retratar la vida de la Barcelona turbulenta de esos años, de una universidad decadente y de una vida rural de gran dinamismo. El retrato, cargado de ironía, que Pla hace de su tiempo y de las gentes con que comparte sus experiencias, amigos, familia o contertulios, nos hace evocar unos tiempos pasados, no muy diferentes a los actuales, en los que la miseria y la alegría del campo se mezclan con la turbulencia y violencia urbana, los últimos coletazos del carlismo se mezclan con los primeros del nacionalismo mientras, como paisaje de fondo, apenas perceptible, los pistoleros a sueldo y los anarquistas escriben con plomo el prólogo a la tragedia española que se avecina.
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Su lectura es necesaria, no sólo para disfrutar del primer Pla y de su pluma viva e incisiva, sino también para conocer mejor quienes somos.
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