viernes, 1 de febrero de 2013

Por favor, dejen paso

No queda tiempo para lamentos. Todo parece estar cerrándose. Un negro sumidero se lleva nuestra última esperanza. En el horizonte ya no se ve el resplandor del faro que anunciaba el calor cercano  del hogar, donde todo era fácil y amable, donde las certezas y el cariño arrullaban y hacían llevaderas las miserias materiales porque nos sustentaban las grandezas morales.
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Se retira la tierra bajo nuestros pies, la decencia y la honestidad están en fuga, la responsabilidad es negada y la reputación y fama están en almoneda. Sólo el éxito material es seña de calidad humana.
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Los que creen dirigirnos ofrecen como ejemplo el delito y la inmoralidad. El dinero va y viene entre cuentas y sobres, sin más esfuerzo que el disimulo.
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Las calles de España se llenan de desesperanza, los gestos airados u orgullosos de otros días se tornan en miradas perdidas, desconcertadas, huérfanas de dirección y de moral. Los hipócitas, que son mayoría, se quejan tan sólo porque reclaman su parte del botín.
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En algunos rincones, no menos sucios, ponen en duda la misma existencia de España, la memoria de nuestros padres y el futuro de nuestros hijos. Todo para que los sobres sigan circulando.
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No es momento para lamentos desgarrados, para la predestinada abulia. No. Es tiempo de que el aire sea rasgado por nuevas canciones de esperanza y honor. Es tiempo de que la única música que se oiga sea la de las máquinas trabajando incansables para levantar el futuro. Es tiempo de sacrificio y esfuerzo, de negación propia para la afirmación colectiva. Es el momento de que las personas importantes se retiren para dejar paso a las personas útiles. Es el momento de que quien deba, vaya a la cárcel, sin excepción, y que tome el timón quien sepa. Los de las listas de siempre ya han dado todos su medida.
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Por favor, dejen paso.

1 comentario:

Alphonse Marquis de Montauran dijo...

No seas ingenuo, no me hagas reir. Nadie va a dejar paso, nadie. ¿Quien sepa? No amigo mío, quien pueda.
Ellos no van a dejar paso, es necesario apartarlos por la fuerza para abrir paso a la salvación de la patria, y la salvación de la Patria, de las Españas, sólo ha tenido, tiene y tendrá un nombre, el carlismo y los carlistas
Bajo el signo de la cruz, enarbolando la bandera blanca de la cruz de Borgoña, con la fuerza de la tradición y de sus brazos, el enemigo deberá ser aniquilado.
Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo, ayer, hoy y siempre.