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Según el propio Trapiello explica en el prólogo, la idea nace de la recomendación de Emily Dickinson sobre la lectura del diccionario, como también hacía, al parecer, Flaubert. Y Trapiello eligió para ello una edición ilustrada de Calleja de 1919 frente a otras obras más académicas como el de María Moliner o el de la Real Academia Española. La lectura y anotación del diccionario le lleva cerca de cinco años tomado en pequeñas dosis diarias. El resultado es un volumen de 350 páginas donde aparecen glosadas, sin seguir un orden alfabético, pero ordenadas en un útil índice final, varios centenares de palabras, no sé cuantas, de la forma que, escogiendo a vuelapluma o a vuelapágina, se trasncribe abajo:
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Fondo es a lo que se resignan quienes han de renunciar a la altura, pasando por profundos cuando no puden ser elevados.
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El grito no sabe volver, y cuando lo hace en forma de eco, llega desnutrido, como un viejo exiliado, a morir a casa.
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