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El libro es breve, unas 130 páginas, pero denso, accesible con una lectura pausada, tranquila, reflexiva. Reconozco que algunos pasajes se han parecido oscuros (y es que uno es de ciencias...). El libro hace permanentes referencias a los Clásicos, con un primer capítulo dedicado a Aristóteles y el segundo a Sócrates, como sólida base sobre la que instalar su tesis que no es otra que, como dice el propio autor en la introducción, "es imposible educar desde la actitud del relativismo escéptico tan extendido en el contexto cultural europeo" o, de forma más positiva, "sólo se transmite educativamente aquello que nos colma y se nos muestra merecedor de ser transmitido".
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Como resumen les inserto una cita que el autor hace de una frase de George Steiner en Lecciones de los maestros, (Siruela 2004): "La libido sciendi, el deseo de conocimiento, el ansia de comprender, está grabada en los mejores hombres y mujeres. También lo está en la vocación de enseñar. No hay oficio más privilegiado. Despertar en otros seres humanos poderes, sueños que están más allá de los nuestros (…). Hasta en un nivel humilde -el del maestro de escuela- enseñar, enseñar bien, es ser cómplice de una posibilidad trascendente. Si lo despertamos, ese niño exasperante de la última fila tal vez escriba versos, tal vez conjeture el teorema que mantendrá ocupados los siglos".
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A pesar de los "momentos complicados" del libro, uno acaba teniendo las ideas meridianamente claras de cómo es el proceso de aprendizaje y el papel del maestro y como juegan la libertad, la realidad y la confianza un papel crucial en esto que, en palabras de Hannah Arendt, es lo que está entre el pasado y el futuro: la educación.
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