miércoles, 7 de enero de 2015

Ataque en París... pero ¿sólo en París?

Cuando se escribe esto todavía están humeantes las calles de París y crece la conmoción de un ataque armado contra la redacción del semanario Charlie Hebdo. El resultado que ha dejado son doce muertos, dos de ellos policías, y más de una decena de heridos. Además, París, Francia y todo el Orbe cristiano tiene una sensación de impotencia e indefensión que me traen amargos recuerdos de un marzo frio de hace más de diez años.
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Las posibilidades de que se vuelvan a repetir atentados masivos con explosivos como el de Madrid de 2004 o el de Londres de 2005 son muy remotas. Pero es, en cambio, bien posible una acción armada, aunque sea con un cuchillo de cocina, contra miembros de las fuerzas de seguridad o contra cualquier símbolo que los potenciales terroristas interpreten como legítimo, y en esto hay que suponerles una gran laxitud.
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La sensación de frustración de ciertos grupos de musulmanes muy radicalizados y muy minoritarios es, también, muy real. El desencadenamiento de una reacción violenta a esa frustración es también muy posible. La culpabilización a Occidente será siempre la excusa; pero no hacen ningún bien publicaciones insultantes como las de Charlie Hebdo contra el Islam, y también contra el cristianismo, que no pueden ser aplaudidas ni amparadas bajo un melifluo, y falso, concepto de “libertad de expresión”, casi nunca acompañado del de “libertad de pensamiento”.
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Pero hoy no es día de recriminar al semanario francés su falta de respeto. Hoy es día de rezar por las víctimas y es hora de pensar, sin sentimentalismo y sin autoengaños, y de reflexionar sobre qué sucede y qué puede suceder. También de pensar qué soluciones tiene este grave problema al que nos enfrentamos, también aquí en España. Madrid, Valencia o, sobre todo, Barcelona son potenciales objetivos para acciones similares a las que hemos presenciado en las últimas semanas en Australia, Canadá, Inglaterra o Francia. ¿Dónde y cuándo? La respuesta es, donde puedan y quieran y cuando quieran y sepan.
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Las políticas suicidas de cierta izquierda española con actitudes ridículas, como la sostenida con respecto a la Mezquita-Catedral de Córdoba, con cierta autoinculpación por ser occidentales, cuando no criminalización de las fuerzas policiales no hacen más que ponernos a los pies de los caballos de los pocos yihadistas que por España intentan campar a sus anchas.
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Las actitudes, copiadas de las del avestruz, que en muchas ocasiones ha adoptado el Gobierno de Rajoy, que piensa en las futuras elecciones y no en el futuro de España ni en su seguridad, tampoco ayudan a clarificar las ideas ni la situación. Por suerte, las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia españoles no bajan la guardia y eso siempre inspira confianza.
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No es momento de alarmismo ni de criminalización de los musulmanes, la mayoría de los cuales son trabajadores y honestos. Es momento de pensar qué hay que hacer y hacerlo ya, puesto que hay personas que desearían darle muerte mientras lee estas líneas.