lunes, 1 de septiembre de 2014

La Traviata de Beirut

No sé si lo he dicho alguna vez, pero Líbano es el más occidental de los países árabes y su capital, Beirut una de las ciudades más cosmopolitas, en el mejor sentido de la palabra, del Mediterráneo. Por eso, salvo los pequeños guetos y lugares que por sus peculiaridades o por su inseguridad es preferible evitar, Beirut es una ciudad para disfrutar y vivir. Una ciudad en la que la amenaza terrorista queda neutralizada por su vida nocturna, por sus cafés y sus restaurantes. También por sus tiendas, sus coches, sus barcos, pero sobre todo por sus gentes, sean de la confesión que sean, que nunca te dejarán sentirte extranjero. Donde junto a la mezquita principal está, en perfecta sinfonía, la Catedral maronita de San Jorge. Ese es mi Beirut, el que recuerdo y el que quiero recordar.
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Cercana al puerto se encuentra la calle, ya más un barrio, de Gemayzeh, plagado de restaurantes, bares, cafeterías y, junto con Hamra, el barrio más animado de la noche beirutí, verdadero crisol libanés donde se olvidan disputas y diferencias. Entre los restaurantes que se agolpan en esta zona, y son más de ochenta, recuerdo gratamente La Traviata.
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La Traviata es la sucursal de un restaurante homónimo sito en Bologna, como se anuncia en la puerta, allí no encontrará ni ketchup, ni pizzas, ni se puede fumar. A pesar, o gracias, a ello, La Traviata es un lugar en el que disfrutar. El local no debe tener más de diez mesas y cuenta con una pequeña y agradable terraza. El trato agradable, simpático y eficaz de sus jóvenes camareros crea un ambiente familiar. La comida, verdaderas recetas italianas no necesariamente conocidas por el público general, es excelente. Si van a Beirut busquen La Traviata para cenar como sultanes en un pequeño restaurante italiano. Me lo agradecerán.