lunes, 8 de septiembre de 2014

Memorias de una tierra de José María Castroviejo

Había en la biblioteca de mi casa varios libros de José María Castroviejo a los que apenas presté atención quizás porque mientras vivía en el hogar paterno mis pasiones y mis gustos iban por otros lares. Pero hace no mucho, por esas lecturas encadenadas a las que con gusto me someto, encontré críticas laudatorias de este compostelano que vivía en Vigo. Me interesé por su obra por su peripecia vital y me pareció que, siguiendo las recomendaciones de su gran amigo Álvaro Cunqueiro, debería, a edad tardía, lo sé, acercarme a sus libros, que están desaparecidos de los grandes circuitos editoriales en parte debido a que esta autor gallego no se quiso "casar" con nadie, salvo con su esposa de la que tuvo diez hijos. Su incorrección política ha sido motivo suficiente para arrinconar a este autor que posee una de las prosas más limpias y hermosas del siglo XX español.
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Memorias de una tierra, el primer libro de Castroviejo que he leído me ha confirmado el tesoro oculto que sus libros guardan. Este volumen, de 140 páginas fue prologado por su amigo Cunqueiro y editado en 1981 por Emiliano Escolar, que fue un líder clandestino de la maoísta ORT. Paradojas editoriales...
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Este libro me ha resultado especialmente agradable por que cuenta historias de la Galicia rural de los 1920s que me resultan cercanas y me hacen recordar pasajes de mi infancia, si bien, las mías de cuatro décadas después. El retrato certero, a veces grotesco, y siempre amable de los peculiares personajes que habitan la rivera del Ulla, cerca de Santiago, conforma un escenario ya desaparecido en el que las gentes se conjugaban plenamente con la tierra de la que vivían y en el que la conversación, la amistad, la confianza, las tradiciones hacían de Galicia un lugar único en el mundo. Ese lugar también es el mio y leyendo este librito fui feliz recordando y reviviendo mi infancia y leyendo las anécdotas de Castroviejo, autor al que he de volver.