lunes, 29 de febrero de 2016

¿El final del pensamiento conservador?

A finales del siglo XIX la Iglesia católica fue muy clara en su condena, simultánea y por motivos similares, del marxismo y del liberalismo. Los Papas León XIII y San Pio X fueron concluyentes y la encíclica Rerum Novarum del primero escrita en 1891, dejó clara la condena arriba citada. Más recientemente, todo este corpus doctrinal católico se complementó, sin variar un ápice la condena, con las encíclicas Quadragesimo anno de Pio XI en 1931, Populorum progressio del Beato Pablo VI en 1967, Sollicitudo rei socialis de 1987 y Centesimus annus de 1991, ambas de San Juan Pablo II, siendo esta última la confirmación de la Rerum Novarum un siglo más tarde.
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Bajando al duro suelo, comentaba hace unos días que el PP es un partido “de raíz conservadora e impulso liberal”, lo que significa que, hundiendo sus raíces en el humanismo cristiano más puro ha dado un giro, casi copernicano, con el "impulso liberal" citado, de raíz anglosajona atemperada por las normas dictadas desde Bruselas donde está la sede de la dictadura económica y normativa, que aceptamos gustosos hace años. Es decir, un partido que fue fundado y organizado para defender un ideario, muy cercano a la doctrina social de la Iglesia, y que gracias al desembarco de persones con un MBA en Harvard, han pensado que lo mejor es poner precio a todo. Incluso a la vida humana.
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Esta traición al pensamiento conservador mediante una incursión, como elefante en cacharrería, en la doctrina liberal, ha dejado desarmado ideológicamente al partido ante los nuevos populismos. Y es así porque han quitado al Hombre del centro de la vida política, para situar al Dinero en su lugar. Como consecuencia directa, el desarme es también moral y en ese frente el enemigo se encuentra en casa. Los gestores de lo ajeno nos dejan a diario titulares sin cuento y la administración española ha sido convertida en el patio de Monipodio, donde el granuja sevillano, es ahora de cualquier sitio y viste trajes caros y de escaso gusto.
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Por eso hay que volver, no ya a Manuel Fraga, que tenía claras estas cosas, y por eso murió pobre en un piso de 90 m2. Hay que volver a recuperar el verdadero pensamiento conservador hispano, que es cristiano, pero no clerical, agrario y rural, amante de la naturaleza sin imposturas, humanista y culto. La historia nos deja pensadores españoles de talla mundial ahora olvidados como Marcelino Menéndez Pelayo, Jaime Balmes, Juan Vázquez de Mella, Álvaro d'Ors y, sobre todo, Juan Donoso Cortés, más actual que nunca. Hay que volver a ellos para armarse de razones y fuerza moral ante los embates materialistas a uno y otro lado del espectro político. ¿Cuál es la alternativa a estos pensadores? ¿Arriola? ¿Soraya?
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Reclamo hoy el espíritu conservador verdadero, el que pone en el centro al Hombre y conserva sus derechos y dignidad pero no protege los privilegios individuales de nadie. El que protege el bien común frente a la propiedad privada, sin ser usurpador. El que reduce el papel del Estado a lo necesario para permitir al Hombre, nunca a la empresa o a la administración, llevar una existencia digna e insuflar a la vida de cada individuo una Libertad plena y consciente.
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En España hoy en día, el pensamiento conservador no está representado en el Parlamento, ni en la prensa, ni en la Universidad. Hoy el conservadurismo sobrevive, languideciente, en algunas viejas sacristías, cada vez menos, y sobre todo al calor de los braseros de unas pocas casas humildes y dignas de pueblos de Castilla, Andalucía, Galicia o Navarra. ¡Ánimo! Don Pelayo empezó con menos.