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El caso real, en el que el Coronel del KGB Vladimir Vetrov pasó información a occidente a través de un correo del Servicio de Contrainteligencia francés DST, está ligeramente desvirtuado y se omiten aspectos escabrosos como el doble asesinato que este Coronel cometió. Esta circunstancia no quita verosimilitud a la historia no resta brillantez a la película. El caso de espionaje fue de los más trascendentes del siglo XX y posiblemente aceleró la caída de la URSS y el desmoronamiento, provisional, de su tupida red de agentes en Occidente.
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El idealismo del Coronel Serguei Grigoriev, el Vetrov de la película, interpretado por un brillante Emir Kusturica, que no renuncia a su comunismo; los miedos del correo, Pierre Froment en la vida real, que nada tiene que ver con los servicios de inteligencia franceses, y de su familia; las torturas y fusilamiento al traidor del KGB, o los celos entre servicios de un mismo país, la DST y la DGSE francesas en este caso ofrecen detalles de un realismo que contribuyen a dar credibilidad a esta magnífica película.
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