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Nos encontramos ante un libro directo y desapasionado, crudo y real en que se disecciona a la sociedad francesa, señalando con dedo acusador a todos los culpables de esta agonía que no tenía, quizás, excepción alguna en el país vecino.
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El libro apenas dedica sus últimas páginas a la invasión militar alemana que fue prácticamente incruenta y resulta llamativo cómo los primeros soldados alemanes en entrar en París eran unidades para regular el tráfico de las columnas que entraban y las de los civiles que salían, ya que nadie disparó para proteger Paris.
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Lo que resulta más llamativo es el proceso de descomposición moral que sufrió Francia que se derrotó a si misma años antes de que llegaran las Panzerdivision. La bipolarización de la sociedad francesa entre una derecha filonazi, o filofascista y una izquierda prosoviética estalinista hacía parecer que Francia se encontraba a las puertas de la guerra civil, como en parte sucedió. La influencia del Pacto Ribbentrop - Molotov entre la URSS y Alemania hizo, como también pasó en España, que el poderoso Partido Comunista francés se conviertiera en agente de Hitler y, salvo casos puntuales, colaboraran de forma pasiva o activa con los nuevos aliados de Stalin.
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También resulta trágico descubrir cómo una potencia militar como Francia no fue capaz de parar, o retrasar siquiera, el avance alemán. Ello se debe a la autocomplacencia del Estado Mayor, el derrotismo generalizado de la sociedad, que mantiene muy vivo el recuerdo de Verdún y a la corrupción moreal y material de los cuadros intermedios. En definitiva, Francia fue derrotada en pocas semanas por carecer de voluntad de vencer.
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Lo más terrible de este libro es descubrir cómo Francia, la cuna de las libertades y de la cultura, caen tan bajo y puede llegar a ser una marioneta en manos de fuerzas internas y externas que llegan, física y moralmente a partir a Francia en dos.
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