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Le pregunté por libros en español y me señaló la escueta estantería entre miles de libros alemanes y junto a otros en portugués. Allí había una magnífica Historia de las ideas estéticas en España de Menéndez Pelayo en cinco tomos o los discursos de Salazar en portugués entre muchos otros.
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La mayoría de los libros hispanos tenían un claro origen argentino, pero de entre ellos me llamó la atención uno pequeño y cuidado. Era el Romancero gitano de Federíco García Lorca, en una edición argentina. Esa noche, a la tenue luz del Mar del Norte, leí este libro y me volvió a conmover, gracias a Bonn, a Argentina, a la señora que me lo vendió, y por supuesto, a Lorca.
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