domingo, 4 de septiembre de 2016

La colmena de Camilo José Cela

Parece un ejercicio ocioso tratar de explicar aquí quién fue Camilo José Cela, nuestro último premio Nobel de literatura cuyo centenario celebramos estos días. Apareció Cela por este baluarte hace poco tiempo con motivo de su Pascual Duarte. Este gallego ya inmortal tenía una de las prosas más directas y depuradas de la lengua española y tenía la virtud de construir novelas con una aparente simplicidad, costumbrista, si me permiten, que hacía de su lectura un ejercicio placentero.
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La colmena, que es quizás la mejor novela de Cela, fue publicada inicialmente en Argentina en 1951 y cuatro años después en España. La edición que leí tiene cerca de 300 páginas separadas en varios capítulos que siguen un orden cronológico pero no pierden por ello una uniformidad en los escenarios y personajes ni en la estructura que se presenta en pequeños fragmentos de lo que les pasa, casi simultáneamente, a los personajes. La gran cantidad de personajes, que llevó a error al propio autor, hace que se requiera una cierta atención o la consulta del listado de personajes, más de 200, que figura al final del libro.
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Cela hace un retrato brutal, una trágica caricatura, de la España de postguerra en la que los personajes pasean su miseria, material y moral, por las calles de Madrid, por sus cafés y sus prostíbulos. El hambre, el conformismo y la legítima lucha por salir adelante se mezcla en un brillante cóctel, con una lujuria contenida y una inmoralidad en la que, para salvar el día, todo acaba teniendo un precio.
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La colmena es una visión pesimista de aquellos años pero también un retrato certero de los límites morales del hombre cuando está sometido a unas condiciones extremas de supervivencia.