lunes, 8 de agosto de 2016

Esperando a Godot de Samuel Beckett

Samuel Beckett fue amigo y secretario del también irlandés James Joyce además de escritor de fama tardía lo que no le impidió ganar el Premio Nobel de Literatura de 1969. Hombre de vida reservada, cuando en 1953 se estrenó en París esta obra de teatro, escrita originalmente en francés, Beckett era un desconocido a pasar de que ya tenía escrita una parte importante de su obra literaria.
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Editado por Austral en un volumen de 128 páginas es de lectura breve y de fácil representación dado que cuenta con sólo cinco personajes y el escenario de la obra, compuesta de dos actos, es siempre el mismo.
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Esperando a Godot es una obra pesimista, aparentemente simple pero que tiene una gran complejidad en sus múltiples interpretaciones, por tratarse de una obra existencialista y cercana al teatro del absurdo.
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Dos vagabundos, Vladimir y Estragón esperan junto a un árbol a un tal Godot, con quien tienen una cita. El público nunca llega a saber quién es Godot, o qué tipo de asunto han de tratar con él. Pozzo y su esclavo Lucky aparecen en ambos actos y entre los cuatro personajes se produce una larga e intrascendente conversación que deja traslucir el tedio y la falta de significado de la vida humana, el sometimiento a los caprichos de ciertos dirigentes. Mientras los vagabundos esperan la visita de Godot que va a cambiar sus vidas. Una interpretación extendida sobre la naturaleza del siempre ausente Godot es que representa a Dios.

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Un clásico que hay que leer e, incluso mejor, ver en sala de teatro.