martes, 28 de julio de 2015

Soria, provincia elegida

He pasado nuevamente unos días en la provincia de Soria. La última vez fue a final de 2014, donde pasé por Molinos de Duero, Covaleda, Vinuesa o Navaleno, entre otros lugares de Tierra de Pinares, donde el paisaje, la comida y una estructura social y de propiedad forestal convierten a esta provincia en un lugar único en España, donde, seguramente sea el lugar donde merezca la pena pasar el resto de la vida. Ya veremos.
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Lo cierto es que la semana escasa que pasé en familia en un pueblo soriano me ha permitido volver a pasear por la calles de la capital, disfrutando de la tranquilidad y limpieza de sus calles, o de las joyas arquitectónicas que se pueden visitar, como San Juan del Duero, Santo Domingo o el Palacio de Gómara.
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En el resto de la provincia tuve la oportunidad de volver a la Laguna Negra, que se ve en la foto de arriba, y, aunque no regresé, por falta de tiempo, a Numancia volví a Calatañazor, desde cuyo castillo se ve, como en la foto, el fértil campo castellano, granero de España, que ofrece sus productos de especial calidad en el caso soriano, con una excelente explotación de setas, de caza y de productos ganaderos como la famosa mantequilla y otros productos tanto de vacuno como de porcino.
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En definitiva, tras muchas idas y venidas, muchas visitas a pueblos lugares y ciudades, desde Gerona a Huelva, de Mallorca a La Palma, de La Coruña a Almería, tras muchos kilómetros recorridos por las carreteras de España, creo que tengo criterio para decirles que mi provincia elegida, en la que no nací ni viví jamás, para pasar el resto de mis días es Soria. Hasta aquí el sueño. A partir de ahora, ya veremos si puede ser realidad algún día...