sábado, 28 de septiembre de 2013

Paseando por Lovaina

Una feliz circunstancia, que en principio pareció ser una terrible contrariedad e incomodidad, hizo que pasara unos días viviendo en Lovaina, Leuven en flamenco, para asistir a unas aburridísimas y poco útiles reuniones en Bruselas, ciudad gris, desalmada y triste donde las haya.
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Llegué a Lovaina con curiosidad ya que sobre ella lo desconocía casi todo, salvo que es la ciudad universitaria por excelencia de Bélgica y su capital de la cerveza. Una ciudad limpia y con muy poco tráfico urbano, de tamaño medio y con un 50% de población universitaria, lo que hacía que el tiempo que pudiera disfrutar de esta ciudad lo pudiera hacer descubriendo sus rincones y su ambiente; pero también la amabilidad de sus gentes y su infernal tráfico de bicicletas en las que se mueven miles de estudiantes en lo que, aunque obedeciendo a ciertas reglas por mi desconocidas, parece un absoluto caos. Caos en el que se queda uno traspuesto, como le pasó a Ortega en Amterdam hace 80 años, al cruzarse con jóvenes y hermosas muchachas pedaleando con entusiasmo mientras muestran generosamente sus bonitas piernas hasta límites en otros lares vedados.
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Y fue un gran descubrimiento ya que me encontré con una ciudad muy antigua, bien conservada y a la vez juvenil; bulliciosa y a la vez tranquila. Llena de restaurantes y bares de apetecible aspecto que invitan a degustar sus muchas clases de cerveza y sus exquisitos platos.
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Aquí está enterrado San Damián de Molokai, que infunde su generoso y benéfico espíritu a esta ciudad católica y, por ello, alegre. Un lugar, en definitiva donde disfrutar de muchas cosas.
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La biblioteca de la Universidad, que ven en la foto de la derecha, con más de un millón de volúmenes, el Ayuntamiento gótico, que ven a la izquierda en una mala foto nocturna, la Catedral de San Pedro o las típicas viviendas bajas de altos tejados de pizarra hacen que esta ciudad sea muy atractiva y se vean rincones de gran belleza con un respeto a la tradición y una integración arquitectónica digna de encomio.
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Sus alrededores, llenos de fértiles zonas agrícolas y bosques le dan un aspecto pacífico y saludable con el verde como color dominante.
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Si quieren ver Bélgica y disfrutar se sus muchas antiguas ciudades, como el centro de Bruselas, Amberes, Brujas o Gante, no olviden pasar por esta pequeña y deliciosa ciudad a la que siempre querrán volver.

4 comentarios:

Aquilino Duque dijo...

Hace años en Bruselas me comentaba el marido de Paquita Pechère, gran traductora de poesía española, la tragedia que había sido para la biblioteca universitaria de Lovaina la división de sus fondos entre walones y flamencos.

Abu Saif al-Andalusi dijo...

Efectivamente, lo iba a comentar pero al final decidí no alargar el texto. Un buen amigo, walón, antiguo alumno de Lovaina, me lo contó lamentándose de cómo el nacionalismo (el flamenco en este caso) no entiende de nada más que de su propio ombligo que no suele coincidir con el bien común, si es que semejante cosa existe.

Ivo Schenkel dijo...

Es verdad, pero hay que tratar de no opinar tan severo sobre estas desavenencias ocurridas hace más de 40 años. Ambas comunidades tratan de superar sus diferencias, y tengo entendido que ambas universidades ahora tienen diversos proyectos en común.
De resto, esta ciudad es preciosa y tiene muchas sorpresas que ofrecer al turista. Para los españoles existen caminatas que aclaran los lazos entre España y Lovaina desde el año 1500 hasta ahora. Solicítela en la oficina de turismo.
Y si al final tiene sed: en la plaza mayor se encuentra el café con más selección de cerveza del mundo (2500 diferentes siempre disponibles)!

Abu Saif al-Andalusi dijo...

Muchas gracias, Sr. Schenkel por su comentario. En efecto fue hace mucho aquel atropello cultural, pero las raices de aquello siguen vivas, y, si me lo permiten más vivas que nunca.
Tomé cervezas en todos los bares que pude, que fueron pocos, y al menos dos en la Plaza Mayor.
Gracias por comparir su experiencia y comentarios. Un saludo