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Este libro que comienza con las embajadas medievales no permanentes como la que ante Tamerlán hizo, en el siglo XIII, Ruy González de Clavijo y que da nombre a una Base española en Afganistán, continúa, como un agradable repaso a la historia de Europa, de la que España fue "partera", señalando los acontecimientos más importantes y cómo hombres decididos, nobles, cultos y valientes hacían valer ante reyes extranjeros nuestros derechos y, cuando era preciso, nuestros dictados.
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Pasan por este libro personajes que nos hacen sentir un profundo orgullo y agradecimiento, como Fernán-Núñez y su difícil Embajada en París durante la Revolución francesa, pero por encima de todos, sigo teniendo mi predilección por Don Diego Sarmiento de Acuña, Conde Gondomar, gallego y Embajador en Londres que llegó a influir de tal forma en la corte inglesa que consiguió que llevaran a la horca a un hideputa y héroe nacional inglés, el pirata Sir Walter Raleigh. Bien por Gondomar y bien por Ochoa Brun que no lo recuerda para que no olvidemos, quienes somos y, si queremos, quienes seguiremos siendo.
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