jueves, 2 de abril de 2015

En torno al casticismo de Miguel de Unamuno

Llegué con cierto miedo a la obra de Miguel de Unamuno para leer sus novelas, o nivolas que decía el sabio vascongado. Lo decidí tras haber disfrutado de su profundo y bello poemario "El Cristo de Velázquez". Fue hace muchos años cuando leí, en poco tiempo y creo que seguidas, "Amor y pedagogía", "San Manuel Bueno, mártir", "Niebla" y "La tía Tula". Llegué a la conclusión de que Unamuno era de los más originales e incisivos novelistas españoles, por lo que decidí acercarme a sus ensayos. Primero fue "Viajes por Portugal y España" que me gustó mucho y di el salto a este libro que aparece hoy en el Baluarte, "En torno al casticismo".
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Me hice con una edición de Austral con una interesante introducción del veterano escritor salmantino Luciano González Egido, que me ayudó a ponerme en contexto histórico ya que el libro es una especie de consecuencia del desastre de 1898, con algunas aportaciones anteriores. Creo que la lectura este libro fue en 1998 y creo recordar también que me dejó una impresión confusa, críptica. Y tenía desde hace décadas el interés, poco frecuente en mi, de releerlo. Y eso he hecho.
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El libro resulta de gran interés por cuanto hace una especie de desbroce intelectual de España intentando llegar a su alma histórica mediante la reflexión e introspección muy personal sobre la literatura del Siglo de Oro, los Místicos, la estructura social, el paisaje o el clima de Castilla como configuradora de España a través del casticismo. El capítulo final, profundamente pesimista, traza una demoledora figura de España y de sus habitantes, que es, lamentablemente, de plena actualidad.
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Pero he de reconocer que tras su lectura, la sensación no ha variado gran cosa en estos diecisiete años en los que he tenido todo tipo de experiencias personales y colectivas y he debido leer más de 500 libros, todo lo cual, evidentemente, me ha transformado. Pero la sensación de que Unamuno escribe de forma compleja, con frases largas en exceso y perífrasis que pierden al lector se mantiene. Aún así, he recobrado la ganas de releer y de volver a Unamuno y a otros clásicos españoles de la primera mitad siglo XX, lo cual no es poca cosa.