martes, 1 de noviembre de 2011

Diario de un cazador de Miguel Delibes

Hace algo más de un año nos dejó el gran Miguel Delibes. Había leído hace años Mujer de rojo sobre fondo gris y mucho antes, como lectura escolar, El camino. Recuerdo que no me disgustaron. A raiz de su fallecimiento, leí artículos suyos, o sobre su vida y su obra y me pareció una persona íntegra, casera, sencilla, quizás humilde. Una persona cuya trayectoria podría parecer provinciana y hasta anodina, pero era debido a que su grandeza estaba no sólo en su pluma sino también en su forma de ver y vivir la vida.
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En un reciente artículo de El País, un librero recomendaba, por haber sido el libro que le abrió los ojos a la literatura, Diario de un cazador, la quinta de las novelas de Delibes y con la que mereció el Premio Nacional de Narrativa en 1956. Me fié del librero y lo leí. No sólo no me arrepiento, si no que he redescubierto a uno de los grandes cuya lectura voy a retomar.
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La novela está contada en primera persona por un joven, Lorenzo, cuya gran pasión y afición es la caza, alrededor de la cual, nos va contando su vida cotidiana, sus amistades, su incipiente noviazgo, la enfermedad su madre, la vida y la muerte como parte de la cotidianidad ruaral, su trabajo de conserje por el que no siente especial pasión y sus apreturas económicas. La caza, con sus reglas y sus ritos, es para él, como contrapunto de su vida gris, un espacio de libertad, de humanidad y de belleza. Los amplios y secos campos de Castilla, son el escenario sobre el que Lorenzo nos va contando en su diario su vida, con una forma de escribir directa y desenfadada, usando un bello argot cinegético, para mi desconocido, dando, quizás las claves de la felicidad en el que es, además, un sugerente y bello estudio de la naturaleza humana.

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