lunes, 13 de junio de 2016

Homosexualidad e hipersensibilidad

Hoy es un día triste porque 50 personas han sido asesinadas en los EEUU a manos de un terrorista yihadí. El tratamiento dado a la información, la preocupación por los hechos en sí y ciertas coincidencias informativas me han impulsado a escribir.
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El mero hecho de escribir sobre homosexualidad sin empezar con una laudatoria y plena aceptación de este hecho como algo normal en nuestra sociedad, supone un riesgo, que asumo, de ser acusado, con ese neologismo absurdo, de “homófobo”. Pero me atrevo por ser el momento propicio, con el único interés de aclarar algunos conceptos que, en mi opinión, se confunden en la espesa niebla de la hipersensibilidad y la propaganda que nos priva siempre de un sensato análisis sobre el asunto.
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Dos hechos de naturaleza muy diferente pero vinculados se producen casi a la vez. Casi a la vez del terrible ataque yihadí en Orlando se produce el anuncio de un grupo de homosexuales que han convocado en Valencia una jornada festiva o de protesta, no sé muy bien, para lo que han diseñado un cartel de dudoso gusto que ofende de manera consciente y directa los sentimientos de los católicos.
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Homosexualidad y religión chocan y lo hacen de manera muy diferente. El islam ataca a los homosexuales y los homosexuales atacan a los católicos. Es evidente que se trata de acciones de naturaleza muy diferente, pero ambas son hostiles. Esto nos debería hacer pensar, siquiera mínimamente, que existe lo que podríamos llamar una "incomprensión bilateral desequilibrada".
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Un rasgo genérico es la alta capacidad de indignación, de sentirse atacado, de hipersensibilidad, por parte de ciertos grupos homosexuales, no mayoritarios pero sí ruidosos y fuertemente ideologizados, que muchas veces encubren, en el fondo, sutiles rasgos de intolerancia nunca admitidos y que se ponen de manifiesto cuando, por ejemplo, niegan la libertad de expresión, plenamente respetuosa, del Cardenal de Valencia, Monseñor Cañizares, que habló clara y valientemente contra la llamada "ideología de género", que es una postura ideológica, sin base científica alguna, pero cuya asunción se ha convertido ahora en obligatoria.
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Ante esta situación no puedo evitar volver a hacerme las siguientes preguntas: 
- ¿Por qué una persona ha de tener como seña de identidad algo que debería ser del exclusivo dominio de su vida privada? 
- ¿Por qué un homosexual se ha de caracterizar como tal y yo, por ejemplo, no me caracterizo, ni quiero, por las “técnicas amatorias” que empleo? 
- ¿Por qué se empeñan en mostrarse diferentes cuando realmente no lo son?
- ¿Por qué reclaman derechos o prebendas que no les corresponden (y que les conceden)?
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Desde el máximo respeto a todos y cada uno de los homosexuales, y sin negar que ha habido injustas y criminales discriminaciones, llegando muchas veces al asesinato como los de Orlando, creo sinceramente que serán plenamente aceptados por todo el mundo cuando dejen de hacer bandera de su condición, ya que esa condición, que a nadie le importa, debería resultar absolutamente irrelevante para su vida pública.
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Cuando esgrimen esa bandera como una forma de diferenciación y de reclamación de supuestos derechos que no les corresponden, se generan reacciones. Unas veces tristes y trágicas cuando son atacados por personas intolerantes y sanguinarias. Otras, por contra, suponen una acción insultante contra los católicos que saben que siempre vamos a respetarles como personas, aunque no entendamos porqué reclaman una inexistente diferencia. Rezo por las víctimas y sus familias.